SOBRE LA DESTITUCIÓN SUBJETIVA
Tr. Patricia Garrido
Bulletin Nº 0, Elp, 1985. 1

El término “destitución subjetiva” aparece en Lacan por primera vez el 9 de octubre de 1967, en la intervención que debió ser reconocido a posteriori [après-coup] como teniendo un alcance performativo para la proposición.
Primero destaco cuatro puntos que marcan las circunstancias alrededor de esta emergencia:
1) Es correlativa de una separación definitiva de la intersubjetividad, el “definitivo” se refiere al señalamiento de que la transferencia le hace objeción.
2) La destitución subjetiva del lado del analizante al final del recorrido, va a la par y se produce en combinación con el “deser” [“desêtre”] de lado del psicoanalista en el mismo punto de cierre.
3) Otro acoplamiento conceptual aparece en la segunda versión de la proposición; concierne sólo al analizante para el cual el fin de la partida es a la vez destitución subjetiva y “caída de su fantasía”[“déchoir de son fantasme”].
4) Al fin, last but not least, la destitución subjetiva llega como un golpe teatral inesperado, como una formulación chocante, a contrapelo de una cierta tendencia donde se enuncia lo que es de esperar de un psicoanálisis.
Se observa que esta “destitución subjetiva” es introducida sin que Lacan la defina inmediatamente. Tal vez sea como si el nombre de la cosa dijera por sí solo su sentido; quizás se trate para Lacan de contar con esta nominación en sí misma y dejar que flote desde ahí lo que es su sentido; tal vez Lacan nos está indicando, en esta ausencia de definición explícita, que se trata de algo de lo que es imposible hablar por sí solo (como lo dirá en su seminario del 21 de febrero de 1968)2.
No definida la “destitución subjetiva” está, sin embargo, localizada, situada. Es “el gran secreto” (2º versión)3, y como tal, el punto de apoyo de la suficiencia y de la beatitud cuando al secreto se suma el olvido.
De ahí, el golpe teatral: basta proferir la palabra para que a nivel de la enunciación este dicho tenga el valor de “meterse en camisa de once varas”.4 Lo que era un secreto es de ahora en adelante, formulado, pero de forma tal que va a saberse inclusive en el exterior. Lacan no juega el juego de la corporación: ahuyentará a su clientela cuando sean informados de lo que les espera desde el momento en el que tomaron el boleto de entrada. Por lo demás, este mismo movimiento aparece el 12 de abril de 1967 a propósito de la introducción de “no hay acto sexual” , ahí también el decir del analista pone explícitamente en juego que tenga o que no tenga clientes.
Este golpe teatral, este forzamiento es una manera de responder, si no es que de tratar, una forclusión. La palabra no aparece en las dos versiones de la proposición, sin embargo, hay en cada una, aunque de manera diferente, una referencia explícita al “veredicto lacaniano”. En la primera versión esta referencia juega al nivel de la relación analista/analizante en el tiempo del pase: El deser [désêtre] del lado del analista, habiéndolo sido, la captura del analista en la perforación de «a«; es retorno en el real del eclipse del saber en la destitución subjetiva del lado del analizante. En la segunda versión la forclusión concierne a la comunidad analítica: su destino de maldición es lo que le regresa en el real como respuesta de la interdicción [mal/inter-dic[c]ión] que hace recaer en lo que se impone del ser del analista al final de la partida. Puede verse de una a otra de las dos escrituras de la proposición, que el acento se desplaza sobre el hecho de que “todo el ordenamiento de lo que se hace y existe en psicoanálisis está hecho para que su exploración, esta interrogación (del didáctico) no tenga lugar (21 de enero de 1968).
Así esta destitución subjetiva no definida está, por el contrario, doblemente situada: sociológicamente como el gran secreto y en la práctica de aquellos quienes, con Lacan, se comprometen a jugar las cartas sobre la mesa, como lo que espera el sujeto que emprende un análisis.
La cuestión de la “clientela” es interesante ya que, conduce a Lacan a definir como inocente aquel que se compromete a un análisis; entre las dos versiones, precisa la figura de este inocente: aquel que sólo tiene como ley su deseo. A este —dirá Lacan— no lo detendrá el saber que le espera la destitución subjetiva. “Inocente” se opone a “advertido”. Que el inocente sepa cómo situamos el término del análisis no lo hace menos inocente. El advertido, en el asunto, es el psicoanalista. Está verdaderamente advertido de aquello que lo califica como psicoanalista, a saber, su propio análisis. ¿Advertido de qué y cómo? Advertido de su división de sujeto; y por el sesgo del análisis en tanto que lo condujo hasta este punto de destitución subjetiva. En El acto psicoanalítico (seminario del 20 de marzo de 1968) Lacan da esta indicación: el analizante obtiene como resultado de su análisis volverse [devenir] un sujeto advertido. La verdad del adagio según el cual » un hombre advertido vale por dos», será esta: un hombre advertido habrá valido el objeto que causa su división de sujeto. Ser advertido no es “ser prevenido” sino “haber realizado”.
El psicoanálisis es una vía de la realización del sujeto como sujeto dividido. No es que a su término el sujeto sepa que él está dividido . No se trata del sujeto del conocimiento. El sujeto estaría advertido en tanto que su división está realizada. Hay equivalencia estricta entre «sujeto advertido” y “sujeto dividido” puesto que la advertencia no es una determinación del sujeto. Ser divido no califica al sujeto, pese a lo que nos sugiere la gramática, es el sujeto mismo.
La tesis lacaniana es, entonces, esta: la instauración del sujeto como tal consiste en su destitución. Se entiende que puede chocar, incluso ser objeto de escándalo. Esta tesis tiene el aspecto de una paradoja. Siguen otras afirmaciones que tienen la misma apariencia, por lo tanto, también tienen el mismo aspecto de escándalo.
Primero ésta: La destitución subjetiva espera, al final de su recorrido, a cualquier sujeto analizante. Es decir que está colocada como lugar común. La promesa es la misma, sino para todos, al menos par cada uno, aún cuando las vías de acceso a ello sean singulares.
Francís Duprè (cf. La solution du passage à l’acte, p.8)5 retomó una solución de Ponge respecto al devenir que le espera al hallazgo poético hasta hacer de esta observación la base de una sujeción de la locura : “»Sucumbe en los lugares comunes», dice el poeta dirigiéndose al hallazgo, al suyo incluido – » Tú estás hecho para ellos”.6
Notamos aquí que este lugar común es una condición de posibilidad para el pase en el sentido en el que el dispositivo implica que el passeur esté, él también. en el pase. Este “él también” sólo se sostiene porque se trata del sujeto como tal, De su paradójica instauración/destitución. Tanto para el passeur como para el pasante.
Acabo de hablar del “sujeto analizante”. El tiempo del pase es este momento donde esta apelación se revela abusiva. ¿Qué es un cliente —para decirlo de otra manera— para un analista lacaniano? ¿Es un psicoanalizaste? Sí, desde luego, descriptivamente. Pero no fundamentalmente. Esencialmente, se trata de un sujeto y desde el punto de vista de la subjetividad, “analizante” no vale más que “analizado”, o aún que el espantoso “paciente”. El corte está ahí de entrada, haciendo antípoda a la destitución subjetiva: si pido un análisis a un lacaniano, me recibe como sujeto, como sujeto parlante. Por supuesto no hay necesidad de decírmelo para que eso sea el caso. Aún más, esto puede significarse en la formulación de la regla fundamental, aquel que Lacan redefinió en el momento de la proposición7 al decir que se trata de instar al sujeto a que abdique, que se consagre “a la deriva del lenguaje”. La regla se dirige al sujeto como tal en tanto que establece la prueba de su “propia renuncia”.
“Analizante” es, en efecto, un predicado. Sin embargo, en el momento del pase, se trata del sujeto en tanto tal, como tal, en tanto que debe de situarse más acá /más allá de todas predicación. La cosa no es fácil de comprender. No hace falta, para acercarnos, despejar la subjetividad como tal, en tanto distinta de la predicación, ésta interviene como operando un cierre de la cuestión de la subjetividad. Todo el trabajo del seminario El acto psicoanalítico, muestra como la subjetividad instaura la predicación.
Lacan se apoya en un esquema de Pierce para hacerlo valer. He aquí el esquema8:

En este esquema, Pierce sustenta el sujeto en el trazo y el predicado en el carácter “vertical”. Es una elección, una elección conlleva consecuencias, pero cuyas consecuencias que sólo pueden aparecer por el hecho de la transliteración en otra escritura (la del esquema) de la notación, ya clásica desde Aristóteles, de la lógica de los predicados. Esta lógica distingue cuatro grandes modos de proposiciones:
UA — Universal afirmativa : todo trazo es vertical
UN — Universal negativa : todo trazo es no vertical
PA — Particular afirmativa: algún trazo es vertical
PN — Particular negativa: algún trazo es no- vertical
Es claro que tenemos :
- UA verdad en ab
- UN verdad en bd
- PA verdad en ac
- PN verdad en cd
La universal privilegia entonces «b» y excluye «c», la diversidad.
La particular privilegia «c» y excluye «b», el no- hay- trazo (pas-de-trait).
El interés de esta transliteración (análoga a aquella de la cadena L, puesto que ahí se juega un mismo efecto de reagrupamiento : aquí a una proposición corresponden dos casillas) es que revela este privilegio y esta exclusión.
- A nivel de la particularidad, de la exclusión del no-hay-trazo nos permite comprender cómo se pudo tan fácilmente admitir que la particularidad implica la existencia.
- Al nivel de la universalidad, que es lo que de principio nos interesa puesto que no podemos hablar del sujeto como tal más que universalmente, el privilegio otorgado en b a ese no-hay-trazo nos indica que es justamente ahí y antes que nada, donde se trata del sujeto. Por eso, la traducción que se desprende de esta transliteración: todo trazo es vertical equivale a: ahí donde no hay trazo vertical, no hay trazo.
Vemos aquí diacrónicamente, como la elección de Pierce de encarnar el sujeto por el trazo se encuentra cuestionado por el simple desarrollo de sus efectos. Representando al sujeto se desboca en tener que constatar que el sujeto nunca es más que representado. Este procedimiento es ejemplo de lo que nombraremos aquí proceso, de lo que se puede esperar de un proceso en la medida en la que está logificado. De la misma manera, el analizante se compromete en el proceso de su análisis al hacer la elección de abdicar como sujeto; se puede esperar de esta abdicación su instauración como sujeto, dicho de otra manera su destitución subjetiva.
Vemos también como, sincrónicamente, la predicación encubre el trazo, como es el pasaje al universal que sólo es en la medida en la que se hace valer el no— hay — trazo [pas-de-trait] dicho de otra manera, el sujeto en tanto que no es más que representado. La lectura de Lacan sostiene que un vector atraviesa el esquema de Pierce, la barra propiamente dicha. Este vector c —- b va desde el sujeto que funciona como excluido hasta el sujeto que no es más que representado. Este último punto es el punto umbilical del esquema de Pierce, el lugar donde se revela agujereado (agujero que se inscribe al desconocerlo cuando se traza el círculo que rodea el esquema).
A la tesis según la cual el sujeto sólo se instaura como destituido se añade , entonces, esta otra: el sujeto puede funcionar como excluido.
Que el momento del pase pueda convertirse en un lugar común se sostiene en que, en ese momento, el sujeto está tomado universalmente, tomado como nada más que representado. Ahora bien, el saber de este momento nos importa, nos importa aún más porque lleva al saber a su punto de incandescencia: «lo único que realmente vale la pena articular en el saber es saber ‘la universal afirmativa’» (Sesión del seminario El acto psicoanalítico, del 6 de marzo de 1968).
Este saber, en el pase es del sujeto como no siendo excluido. Es una figura muy específica, local, del saber: y mucho más difícil de especificar cuanto que la teoría está hecha para enmascararla. No es inocente que hayamos evocado aquí de entrada el “gran secreto” e introducido el término “forclusión”. Las articulaciones de saberes que operan una exclusión del sujeto son variadas. Tenemos ejemplo de ello en la atribución en lógica; toda la clínica analítica podría estar etiquetada bajo esta rúbrica —- en el que el estatuto, notable por ser excepción, de una clínica del pase. No se trata simplemente con el análisis de una distinta y mejor articulación de estos saberes que excluyen al sujeto; tampoco se trata simplemente de hacer estos saberes conscientes o inoperantes en cuanto su alcance sintomático; se trata más ambiciosamente, de “una conversión de la posición que resulta del sujeto en cuanto a su relación con el saber” (seminario El acto, sesión del 22 noviembre 1967). Esta conversión es la subversión del sujeto.
No es porque acabamos de hablar de exclusión del sujeto que nos es preciso concebir esta conversión como un pasaje a una positividad al fin adquirida, como el acceso a un saber absoluto. Hace mucho tiempo, en 1967, que Lacan tomó distancia de Hegel. Se trata del sujeto y si este sujeto cartesiano no es nunca salvo lo que se dice, a saber, representado, Resulta que su estatus es aquel del no— hay— sujeto [pas-de-sujet].
El sujeto es hypokeimenon y no ousia; el no hay sujeto `[pas-de-sujet] es el sujeto mismo; esto da cuenta de que su instauración no puede ser otra cosa que su destitución.
El saber inconsciente como uno de los modos de saber que excluye al sujeto nos interesa, por supuesto, de una manera muy especial. El significante reprimido aquel que regresa (y fuera de este retorno hay lugar para prohibirse hablar de represión [refoulement], en todo caso en el sentido de la represión secundaria) se caracteriza por no representar el sujeto para otro significante aún y cuando se articule a otro significante (El acto, seminario del 17 de enero de 1968).9 Esta observación presenta la teoría lacaniana de la represión [refoulement]. Ahí donde hay represión [refoulement] hay saber sin verdad (Cf., la neurosis definida por Lacan como «caso de verdad»)10, de una verdad, desde ahora concebida como lo que resiste (sí, «resiste»: –la verdad está de lado de la resistencia) a la operación del saber que hace el sujeto.
Partiendo de ahí, ¿qué quiere decir, de la represión [refoulement] del inconsciente tomado como saber, «subversión del sujeto»? ¿Qué puede ser la «conversión» de la relación del sujeto al saber? Responderemos diciendo que ya no es más posible, hoy precisamente, partir solamente de ahí.
Ya no estamos en el tiempo en el que la transferencia hacía su entrada secundariamente, en el análisis. Hemos aprendido que no hay represión constituida sin que ella sostenga, correlativamente, la función del sujeto supuesto saber. Al suplementar así la cuestión freudiana la desplazamos al mismo tiempo (se trata de una metonimia: el «no todo» por la parte). Partimos entonces más bien y precisamente, de lo que Lacan llama «distribución» del efecto de sujeto, lo que viene de nuevo a decirnos que tampoco partimos tan sólo de la neurosis, sino simultáneamente del deseo del analista.
Si, en el inconsciente, el saber permanece aislado sujeto, la realización significante de este saber no está sin «relación»11 (El acto, seminario del 20 de marzo de 1968)12 con una «revelación de fantasía». En eso consiste la distribución; por un lado los significantes articulados entre ellos pero desvinculados del sujeto, no haciendo S1 ➖ S2; por otra parte, la inscripción del sujeto, en su fantasía, al nivel del objeto. Como tal, esta distribución (que corresponde al esquema llamado de la alienación introducido en el seminario de La lógica de la fantasía y continuado en el seminario El acto analítico y que da su soporte a la escritura de la proposición) es el efecto de sujeto.
No puedo estudiar aquí como convendría la ubicación lacaniana del Urverdrangung como opera en La lógica de la fantasía. Contentémonos con anotar que encontramos en el cierre de un análisis los mismos elementos que permiten precisar este estatus de excepción que tiene la represión [refoulement] originaria (ellos mismos , por otra parte, al recibir una definición excepcional para la ocasión). Es posible observar que este cierre no es nada menos, en Lacan, que una forma de hacer que vuelva a intervenir la represión [refoulement] originaria. pero de manera diferente, pero al revés de su efecto principal de fundación de la posibilidad de la represión [refoulement] secundaria,
La represión originaria constituye al sujeto al nivel del objeto. El objeto a es la primera figura de la subjetividad —pero de la subjetividad en calidad de excluida– de hecho, está relacionado con la ubicación de la subjetividad en el nivel del objeto a que Lacan introduce por primera vez el término «deser» [«de´sêtre«] (11 de enero de 1967).13 a minúscula es la sustancia del sujeto, pero justamente en la medida en que esta sustancia no puede de ninguna manera serle atribuida. (12 de abril de 1967).
Incluso, una vez congelado en la fantasía el objeto a no puede ser llamado el sujeto. En este sentido, la fórmula $<>a puede revelarse fuente de un error; el objeto a en la fantasía, no divide verdaderamente el sujeto.
Una vez acentuado el «campo del sujeto» (15 de marzo 1967), Lacan puede poner los puntos sobre las íes con respecto a esta fórmula de la fantasía, y al igual que reconoce el error que fue el «ello habla» [«ça parle«] , destaca que «el yo [je] como tal está precisamente excluido de la fantasía» (en el mismo seminario del 11 de enero de 1967) —su forma de retomar y situar la exclusión, identificada por Freud, del «soy golpeada por el padre» [Je suis battue par le père] (la exclusión del yo [je] arrastra con ella la del conjunto de la proposición).
Un psicoanálisis no es la operación que daría sus sustancia de a al sujeto; el análisis, en la medida que hace acto, da su sustancia de a minúscula al psicoanalista, y, en esto, instaura al sujeto como tal, es decir, como destituido.
Es por eso que la cuestión en juego en el pase no es aquella de la identificación al psicoanalista sino aquella de la identificación del psicoanalista, del psicoanalista cuya definición es de ahora en adelante : un sujeto para quien es realizado «el nuevo estatus del sujeto que implica el objeto freudiano» (el 1º de enero de 1967).
Si a minúscula es la primera Bedeuntung14 del sujeto, si el punto de partida de la subjetivación está en el » yo no soy» informulable pero, sin embargo, designable como «deser» [désêtre], y si hacer de esta referencia el objeto de una atribución está para siempre excluido, no queda otra posibilidad, en cuanto a la subjetivación, en cuanto al engendramiento del sujeto, sino de efectuar esta exclusión de a como referencia. Así que la subjetivación no podría ser más que des, desubjetivación, destitución subjetiva estrictamente correlativa del «deser» del objeto en A. Esta efectuación, como la nombro, esta efectuación que es aquella de la transferencia, es por lo que el sujeto accede al no – todo (y especialmente al no todo saber el cual funda el estatus del saber como invención) —ya que el todo no encuentra su consistencia más que en este objeto en tanto no está afectado por el deser [désêtre].
Interrogamos, para concluir, otro punto: ¿Cuál es , en este momento del pase, la relación del sujeto con el º saber o aún y más precisamente, con la articulación del saber y la verdad? Escojo este punto ya que va a permitirnos abordar un rasgo susceptible de dejarnos distinguir, mientras ambos están en el pase, la posición del passeur y la del pasante.
Hemos ubicado algunos puntos de referencia sobre esta relación del sujeto con el saber; aparecen lo suficientemente articulados como para que podamos afirmar ahora que esta relación, en Lacan, y especialmente en este momento de su trayectoria que sirve de base a la Proposición, está vectorizada. El gradiente mismo consiste en que es la operación al saber la que hace al sujeto. La subjetivación es un proceso de re-inscripción que vale como conversión. El sujeto se inscribe primero como des-ser en el nivel del objeto a, este comienzo implica que se admita que; » el hecho de que los seres vivos hablen no los determina inmediatamente como sujetos» (La lógica de la fantasía, sesión del 16 de noviembre de 1966). Que haya vectorización quiere decir que no hay connivencia. —contrariamente a lo que sugiere la estética— entre subjetividad e inmediatez. Por el hecho del análisis, esta primera inscripción en hueco [en creux] de la subjetividad se realiza en el lugar del Otro, en la medida en que este des-ser del objeto causa del deseo golpea esta figura ficticia y, no obstante, extraordinariamente importante [pregnante] del sujeto supuesto saber. Luego se instaura la subjetividad como destituida, dividida por el objeto rechazado. Por el hecho de este rechazo el sujeto sólo puede igualarse a sí mismo al nivel del no-todo [pas-tout], del no -todo saber de la impotencia de saber, dice incluso Lacan.
Es ahora el momento o nunca de dar a la impotencia su valor positivo: la impotencia no es «no poder» [«ne pas pouvoir«] sino «poder no» [«pouvoir ne pas«], está aquí en su lugar «poder no». Nótese que no hay acceso a este «poder no» a menos que haya una disolución subjetiva de la oposición saber / verdad. Mientras la verdad resista a la operación del saber, mientras se suponga una verdad que siga siendo supuesta por algún sujeto, la relación del sujeto con el saber no puede realizarse en el «no – todo», Vemos aquí cuán riguroso es Lacan, al plantear la verdad como resistencia:
Vamos a poder, con esta disolución de la relación saber /verdad como correlativa de la instauración de la subjetividad, diferenciar la posición del passeur y aquella del pasante. Esta diferenciación nos importa por más de una razón, pero también porque define los límites entre los cuales hay una solución de continuidad y que son a partir de lo cual Lacan define al pase como un salto del lado del pasante. Cabría, en relación con el salto, retomar las observaciones de un Kierkegaard, no puedo hacerlo aquí.
Digamos, pues, en una fórmula, que en este momento de disolución de la relación saber/verdad, esta disolución se realiza para aquel que está en el pase (y por lo tanto, posiblemente passeur) en beneficio de la verdad, pero de una verdad que él es, mientras que para el pasante quien es el que efectúa el salto «acepta el desafío», «retoma la antorcha» (El acto analítico, seminario del 10 de enero 1968) esta disolución adviene en beneficio del saber.
Hay pues esta disparidad entre el passeur y el pasante,. Se deduce que en efecto, una nominación del pasante es posible e incluso deseable ya que un saber inédito sobre el didáctico es como tal articulable por el pasante y esto vale para ser ratificado; por el contrario el término «passeur» no es un título, y designar un passeur no es nombrar. «Passeur» es el nombre de una función de la cual un sujeto, en ciertas condiciones, puede hacerse el argumento: la verdad, aunque presentificada en un ser, es innombrable; que ella hable basta.
Quien está en el pase no sabe, como tal, que de-ser sacudió, en su analista, el objeto a soporte del sujeto supuesto saber. Él mismo es esta verdad incurable que ´le ha alcanzado no sin saberla, pero, sin embargo, sabi´endola. Que él la haya alcanzado no sin saberlo quiere decir aquí que es la operación del saber que lo ha producido, a él, como siendo esta verdad. El pasante sabe en lo que su analista se convirtió. Lo sabe por su posición de pasante a analista, porque reinstala ese estar en vilo [porte à faux15] del sujeto supuesto saber para un analizante.
Cerremos sobre este estar en vilo [porte-à- faux]: es para tomar al pie de la letra: este en falso que lleva el análisis; no al mentir- verdadero querido por Aragón, sino al hablar loco [falso]. Este hablar no depende de la palabra sino del lenguaje. El lenguaje «está mal hecho» decía Lacan a un lógico, más o menos virtuosos, tocamos el piano pero en un instrumento desafinado. El acto analítico como artificio del sujeto supuesto saber bien puede ser calificado como estafa –como la poesía , precisaba Lacan; sin embargo, esta estafa acierta [tombe juste] en cuanto a la instauración de la subjetividad. Lo justo no es lo verdadero, porque el lenguaje está mal hecho, jodido, lo justo es precisamente que la enunciación del deseo, Lacan lo formulaba en febrero de 1968, nunca puede ser mejor que la enunciación de la mentira.
N O T A S
- Este Artículo fue publicado en la revista Litoral, Nº 41, tr. Beatriz Aguad, Ed. Epeele, julio de 2008, pp. 73 y ss. He retraducido el texto pues encuentro diferencias de lectura así que propongo esta otra traducción. Liga hacia el original : https://drive.google.com/file/d/12rVrsgOm6jhCzfdcGj5NiDTmAqH6fzQD/view?fbclid=IwAR1ABxW3H1e9a-ugtKZxG4wWB4P6zdGVlFjx9pEifgQmBk2YK2ULjDMK07w ↩︎
- Seminario El acto analítico. Inédito. Hay una versión crítica en la biblioteca de L’école Lacanienne de psychanalyse. https://ecole-lacanienne.net/bibliolacan/seminaires-versions-critiques/ ↩︎
- N.d.T»Le grand motus». es una expresión en francés que se puede traducir como el»gran silencio» o «gran secreto». Se utiliza para referirse a algo que se mantiene en absoluto secreto o en total silencio [n.†]. ↩︎
- La expresión «mettre les pieds dans le plat» es una expresión en francés que se puede traducir al español como «meter la pata» o «meterse en camisa de once varas». Se utiliza para referirse a una situación en la que alguien dice o hace algo inapropiado, causando una situación incómoda o vergonzosa. ↩︎
- Francis Dupré fue el heterónimo usado por Jean Allouch, Erik Porge, Mayette Viltard en: La «solution» du passage à l’acte. Le double crime des soeurs Papin. Littoral fabrique du cas, Ed, Érés, Toulouse, octobre 1984, p.8. [Hay traducción al español y su versión llevó el nombre de los autores, cf., Jean Allouch, Erik Porge, Mayette Viltard. El Doble crimen de las hermanas Papin, ed. Epeele, ,México, 19999, p. 15. ↩︎
- El original «decede», del verbo «décéder» que significa morir, por otra parte la frase «Tu es faite pour eux», se deja escuchar como «tue», mata. [N.T.] ↩︎
- El acto analítico, sesión del 7 de febrero de 1968. Inédito. ↩︎
- El acto psicoanalítico , sesión del 7 de febrero de 1968. Inédito. ↩︎
- «Accointance», dice el original , esta palabra se refiere al conocido, como se dice «una persona conocida». Una frecuentación. una participación, compadrazgo. El verbo «accointer» :estar en relación [N .T.] ↩︎
- Bedeutung, Aunque a veces es traducido por significación (La significación del falo, por ejemplo) en esta ocasión la hemos traducido com referente tal como lo utiliza Lacan en las sesiones del 13 y 20 de marzo de 1968 apelando a la lógica y en particular al artículo de 1892 del del importante filósofo y matemático Gottlob Frege, Über Sinn und Bedeutung, Sobre el sentido y la referencia a veces traducido como Sobre el sentido y la denotación, 1892. En él, Frege traza una distinción entre lo que él llama el sentido de una expresión, y su referencia. Según Frege, el sentido y la referencia son dos aspectos distintos del significado. Para él tanto las expresiones de objeto como las de concepto tienen una referencia (un objeto al que se refiere) y un sentido (una forma de hablar de ese objeto). ↩︎