PEIRCE FRECUENTADO

LA TRINIDAD Y LA BINARIDAD

Voilà un joli trio, et dire que tout ça ne fait qu’un, et que cet un ne fait que rien. (Beckett:2015)

Taller de lectura 2024

Existe un pensamiento trinitario que conoció actualizaciones múltiples, hay formas lógicas y lingüísticas, la forma binaria que domina hoy ha forjado enormes categorías de la razón el dualismo, la dialéctica, el estructuralismo, la causalidad…El hombre binario transforma el mundo gracias a la eficacia inscrita en los rosarios binarios de las tecno- ciencias; se sirve de la forma algorítmica para crear en todos los dominios procesos artificiales de gran espectro. Se sabe ahora en qué lenguaje están escritos los programas naturales de lo viviente. La biogenética se debate entre dos hombres en lucha, el trinitario que acepta la muerte y el binario que quiere la eternidad. De la misma manera, cada avance parece pagarse por un gran retorno, frecuentemente en las regiones sagradasbajo especies de esoterismos o fundamentalismos , pero el mundo se desencanta, decía Weber.
La trinidad está alojada en la lengua natural, esa que usted y yo hablamos, está inscrita en nuestra condición de parlêtre. La palabra misma se revela poseedora de la propiedad “tres en uno”. ¿Qué es la propiedad trina? Por trinitario entiendo, una definición de la palabra, del verbo, que implica un conjunto de tres términos, irreductible a las relaciones habituales de dos términos utilizados. La propiedad trinitaria, es aquella de la que cada ser hablante no cesa de hacer la inmediata experiencia, para aprehenderla es suficiente con evocar el espacio humano el más banal que sea, lugar común de toda la especie parlante, ese mismo de la conversación:“yo” digo a “ti []” historias que tengo de “él”, (Benveniste). Aunque no es la única, hay otras formas de trinidad como el dogma cristiano, objeto de la hérésie (RSI) de Lacan. Bien cierto es que la trinidad inmanente de la que se habla es anterior a todos creencia. Sea cual sea sus convicciones pone en acto una figura trinitaria anterior a toda actualización religiosa.

A más de uno esta divina y misteriosa trinidad ha trastornado. Kant perturbado se preguntaba ¿Porque no hay diez personas divinas en vez de tres? Conflicto de las facultades.Esta propiedad “trina” puso locos a los lógicos que no han podido recomponer idealmente la propiedad trinitaria a partir de relaciones diádicas de las que disponen:

“Una relación trina jamás puede ser construida como un complejo formado a partir de relaciones diádicas, incluso si se puede descomponer una relación trina en relaciones diádicas.” (Peirce:1978)

Ocurrencias de la trinidad natural de la lengua natural. Bañarnos en la lógica del “tercero excluido” para llegar al tercero “Incluido”.
Lacan evocará por primera vez que “la lógica aristotélica, es una lógica puramente predicativa y clasificatoria, entonces se puso a meditar en torno a la idea de la relación […]. se puso a meditar alrededor de xR.”

Es aquí donde nuestro autor hace su aparición… se acercará a Peirce desde el seminario de la Ética del psicoanálisis, y las referencias podrían ser múltiples; lo encontramos citado en otros seminarios —atraviesa unas décadas— hasta 1977.
Muchos enunciados de Lacan son verdaderos rompecabezas, como sus fórmulas de la sexuación… y su construcción es muy difícil de abordar sin la ruptura que opera Peirce con Aristoteles… Lacan ¿Se habría apoyado en Peirce para salir del estructuralismo? Este último dio a la semiología anglosajona su propia orientación, muy distinta del programa saussuriano. ¿Qué le aportó a Lacan su lectura ? Se apoya en él cuando habla de las pulsiones, cuando discute el sujeto supuesto, las cantidades aristotélicas para la construcción de las fórmulas de la sexuación y el pas tout, y en su definición del signo . Consecuencias analíticas: invitamos pues a reavivar el debate Recanati-Lacan (Scilicet:1973/1974) en torno a la producción de fórmulas de sexuación. Hacer un acercamiento entre el ternario categórico de Peirce y el ternario lacaniano RSI “donde descubrimos que el guiño enigmático que Lacan hace a Peirce al designar «el alma a los tercios» le permite indicar así lo Real.” (Molinier: 2023).

En un primer barrido proponemos seguir la lectura del seminario …ou pire/ le savoir du psychanalyste 1971-1972 […o peor / El saber del psicoanalista], por un lado, y nos acompañaremos en esta ocasión, además de los textos de Peirce (infra), con el texto de Judith Butler “el género en disputa”, a propósito de la discusión que abre con respecto a la lógica del atributo que lee en Freud.

Plataforma ZOOM
Comenzamos Jueves 18 de julio , 2024 Regularidad quincenal.
19:00 Hrs (hora de México).

Informes : Patricia Garrido pgarrido68@gmail.com +52 5520888121

En continuidad las reuniones serán: Julio, 18
Agosto, 8, 22 Septiembre 5 y 19,Octubre 17 y 31 Noviembre, 7 y 21 Diciembre 5 y 19 Enero 9 y 23, Febrero 6 y 20, 2025.

B I B LI O G RAFÍA

  1. Samuel Beckett, Relatos y textos para nada, JPM Ediciones , España, 2015.
  2. Judith Butler, “El género en disputa”, El feminismo y la subversión de la identidad,ed. Paidós Studio 168, Buenos Aires, 2008.
  3. Jacques Lacan, El seminario XIX, …ou pire. Ed. Seuil, París, 2011. “El saber del psicoanalista”. Versión Staferla https://www.valas.fr/IMG/pdf/s19.ou_pire.pdf [Versión en español :El Seminario 19. …O peor [Versión crítica] Ricardo Rodriguez Ponte https://e-diccionesjustine-elp.net/seminarios/%5D
  4. Darin McNabb, Hombre, signo y cosmos. La filosofía de Charles S. Peirce, FCE, México, 2018.
  5. Jean Claude Molinier, American Skeleton, L’autre imaginaire de Charles Sander Peirce, L’unebévue éditeur, París, 2023.
  6. Charles S. Peirce, Écrit sur le Signe, ed. Seuil, París, 1978. [No hay traducción al español]”
  7. Charles S. Peirce, Obra filosófica reunida. Tomo I (1867-1893) y T. II . (1893-1913) , Tr. Darin McNabb, Fodo de cultura económica, México, 2012. “Intervention au séminaire du docteur Lacan”, Tu peux savoir, revue Scilicet, No 4, Éditions du Seuil, 1973, pp. 55-73.
  8. “Prédication et ordination” , Tu peux savoir, revue Scilicet, No 5 , éditions du Seuil, Paris, 1975, pp. 61-87. [Versión en español: Jacques Lacan, Seminario 20, Otra vez / Encore, 1972-1973, Versión Crítica de Ricardo E. Rodríguez Ponte para circulación interna de la Escuela Freudiana de Buenos Aires, clase 2, del martes 12 de Diciembre de 1972.].

PEIRCE FRECUENTADO

 Escritura y experiencia de los límites

La escritura me condujo al silencio, largo silencio”.“Eso se organiza entre la mano y la. página” S. Beckett.

Un pensamiento finito se llama también escritura, es decir, inscripción de una violencia y de que todo sentido es escrito, y todo pensamiento finito es un exceso infinito. Jean-Luc Nancy.

      [..] el único texto sagrado con el que tienen que ver [el analista] está engastado en la palabra del analizante. Es de  los analizantes, el gesto de aportar su síntoma al analista de su elección. ¿Qué hace el analista?Recibe. Jean Allouch.

Lacan se interesó por la letra y la escritura a lo largo de su enseñanza.  ¿De dónde saca su saber? Del escrito, de su estructura particular que permite, precisamente, tomar en cuenta fenómenos de clausura e interpelación; la escritura solo firma el duelo por la ausencia. Escritura: presencia de un enigma. La escritura ha sido explorada en las formas que toma en los estados clínicos* donde las palabras no desembocan en nada, no se oye, ni se ve nada a través de ellas: mal vu mal dit –diría Beckett. Y sin embargo, la escritura está ahí, insistiendo, persistiendo. Los clínicos, también, han recurrido a diversos escritos para localizar “síntomas”, o como Lacan —mediante la lectura de textos no analíticos, se interesa por “el modo en el que Joyce funcionó como escritor”, *sin duda hay en este último una reflexión sobre la escritura. Entre las numerosas prácticas literarias a las que Joyce se confiaba, hay algunas —-con cierto aire clandestino—-, que conciernen al giro de Lacan en un tramo de su recorrido. 

Hay visiones y audiciones que no son asuntos privados, la escritura es la destrucción de toda voz, de todo origen, es ese lugar neutro, fuera de la figura solitaria del autor, con prácticas de devorador y estatus de consumidor genial. Desapropiadas del dominio de lo propio, son acontecimientos en el lindero del lenguaje, el límite no está fuera del lenguaje, sino que es su afuera, precisa Deleuze. “Una exterioridad que —-en palabras de Lyotard—- el discurso no puede interiorizar como significación”, *es decir, un discurso excedido, siempre excedido, fuera de sí, de sus goznes. De esta exterioridad mutante y plástica, vive también el arte. El arte transforma el interior del discurso en figura, pliega el texto, lo anuda y lo convierte, en diferencia y en excedente significante, en obra. Son acontecimientos de lenguaje, no lingüísticos, pero que sólo el lenguaje hace posible: alteridad del lenguaje / lenguaje de la alteración. Para algunos la escritura puede ser salvación, para otros una devastación. La escritura contiene siempre un componente de fuga: The flow of the language it is.*

Siguiendo la palabra del escritor*: acevera no confundir la escritura con la literatura y como Roland Barthes, concede un estatus a la autonomía de la escritura. No se elabora gran cosa intelectualmente cuando se tiene poco dominio de la lengua, de su estructura y de su vocabulario.  Escribir no es imponer una forma (de expresión) a una materia vivida. Es habitual subrayar que Joyce plantea exigencias muy severas a sus lectores, no son estas las maniobras de un hombre que habla, sino de un hombre que escribe. Es un arte que despliega sus efectos en el tiempo, como la música. Los grandes libros nunca están escritos para la comunidad consolidada, sino para quienes comienzan a pensar.*

Siguiendo a Lacan: “La gente escribe sus recuerdos infantiles… Es el pasaje de una escritura a otra escritura. [pero]   El psicoanálisis es otra cosa nada dice que encamine a escribir. …amerita pensárselo dos veces antes de pedir, en nombre de no sé qué inhibición, ser puesto en situación de escribir. No está en absoluto decidido que con el psicoanálisis se llegue a escribir”. *

Para el analista, la escritura es capital, devenga o no literatura, y aún más, literatura reconocida por el gran público. El hecho mismo del escrito, “trazo”, “letra” o “cifra”, tienen, en efecto todo su peso, antes de que tome —sea lo que sea— forma y valor de texto. “No se trata de esta escritura simplemente instrumental y técnica que, en la tradición filosófica, está descrita como significante de significante, sino este juego (jeu/je) de la repetición, que afirmándose como je, libera a la lógica de la ganga gramatical que la envuelve (28 de febrero 1968).*

Hablando con propiedad esto supone una investigación de lo que significa escribir. “En el discurso analítico hemos de situar la función del escrito”.* ¿Qué se ciñe gracias a la escritura? ¿La vida como escritura? ¿Máquinas menores para inventar la vida? ¿Lo que se escribe es la consecuencia de lo que se es? ¿Un paso de vida que atraviesa lo vivible y lo vivido? La escritura es inseparable del devenir. ¿Hasta dónde llegar? ¿por dónde pasan los paralelos que orientan? “Cuando se escribe se puede tocar el real, pero no lo verdadero”.* Se ha privilegiado el lenguaje hablado como si este constituyera el lenguaje por excelencia, y la escritura no fuera más que una transcripción de la voz. Me oriento, con algunos hilos. “El artista no es el redentor. Es Dios mismo como hacedor”.  “Allí confío en mis nudos, eso es con lo que opero, La operatividad de los nudos…”. *

Se dice que estamos en el ocaso del paradigma de la escritura y si bien el crepúsculo de la escritura se confunde con la metamorfosis de la escritura misma, se abre paso a un “esquema motor”. 

Algunos pensadores, observan que —la aplicación semántica del concepto de escritura que se extendió al código genético, al “programa cibernético”, e incluso a una comprensión de una situación histórica, pienso en Hugh Kenner* y su lectura de Joyce —con la tipografía, los neologismos y la localización del ojo— o como recoge Derrida en el primer capítulo De la gramatología, “el fin del libro y el comienzo de la escritura”—- ha entrado en la penumbra de una desaparición.  Frente a este hecho de cultura, se dice que hay una nueva figura que empuja al abandono de la ontología del grafo, cuya versión (biológica) sería la cadena cifrada, se propone un paradigma en la plasticidad.  “La plasticidad toma forma ahí donde […] ya no se escribe”. Un vínculo plástico que engarza todo el real en su constante transmutación, un movimiento en el que el concepto de plasticidad se impone progresivamente como el estilo de una época trans

Para este taller se propone la participación activa de los integrantes y así, facilitar un recorrido por ciertos textos de Lacan y algunos otros intercesores* que nos permitan tener elementos analíticos para interrogar estos campos plásticos, con nuestras experiencia, lecturas y juegos de re-escritura. 

C i t a s

  1.  Charles Juliet, Rencontres avec Beckett, Ed. P.O.L., París, 1999
  2. Jean-Luc Nancy, Un pensamiento finito, México, Anthropos, 2002, p. 8.
  3.  Mais chers collègues … Inédito. 

JEAN ALLOUCH

Tr. Patricia Garrido

Bulletin Nº 0, Elp, 1985. 1

SOULÉVEMENT

El término “destitución subjetiva” aparece en Lacan por primera vez el 9 de octubre de 1967, en la intervención que debió ser reconocido a posteriori [après-coup] como teniendo un alcance performativo para la proposición.


Primero destaco cuatro puntos que marcan las circunstancias alrededor de esta emergencia:

1) Es correlativa de una separación definitiva de la intersubjetividad, el “definitivo” se refiere al señalamiento de que la transferencia le hace objeción.

2) La destitución subjetiva del lado del analizante al final del recorrido, va a la par y se produce en combinación con el “deser” [“desêtre”] de lado del psicoanalista en el mismo punto de cierre.

3) Otro acoplamiento conceptual aparece en la segunda versión de la proposición; concierne sólo al analizante para el cual el fin de la partida es a la vez destitución subjetiva y “caída de su fantasía”[“déchoir de son fantasme”].

4) Al fin, last but not least, la destitución subjetiva llega como un golpe teatral inesperado, como una formulación chocante, a contrapelo de una cierta tendencia donde se enuncia lo que es de esperar de un psicoanálisis.

Se observa que esta “destitución subjetiva” es introducida sin que Lacan la defina inmediatamente. Tal vez sea como si el nombre de la cosa dijera por sí solo su sentido; quizás se trate para Lacan de contar con esta nominación en sí misma y dejar que flote desde ahí lo que es su sentido; tal vez Lacan nos está indicando, en esta ausencia de definición explícita, que se trata de algo de lo que es imposible hablar por sí solo (como lo dirá en su seminario del 21 de febrero de 1968)2.

No definida la “destitución subjetiva” está, sin embargo, localizada, situada. Es “el gran secreto” (2º versión)3, y como tal, el punto de apoyo de la suficiencia y de la beatitud cuando al secreto se suma el olvido.
De ahí, el golpe teatral: basta proferir la palabra para que a nivel de la enunciación este dicho tenga el valor de “meterse en camisa de once varas”.4 Lo que era un secreto es de ahora en adelante, formulado, pero de forma tal que va a saberse inclusive en el exterior. Lacan no juega el juego de la corporación: ahuyentará a su clientela cuando sean informados de lo que les espera desde el momento en el que tomaron el boleto de entrada. Por lo demás, este mismo movimiento aparece el 12 de abril de 1967 a propósito de la introducción de “no hay acto sexual” , ahí también el decir del analista pone explícitamente en juego que tenga o que no tenga clientes.

Este golpe teatral, este forzamiento es una manera de responder, si no es que de tratar, una forclusión. La palabra no aparece en las dos versiones de la proposición, sin embargo, hay en cada una, aunque de manera diferente, una referencia explícita al “veredicto lacaniano”. En la primera versión esta referencia juega al nivel de la relación analista/analizante en el tiempo del pase: El deser [désêtre] del lado del analista, habiéndolo sido, la captura del analista en la perforación de «a«; es retorno en el real del eclipse del saber en la destitución subjetiva del lado del analizante. En la segunda versión la forclusión concierne a la comunidad analítica: su destino de maldición es lo que le regresa en el real como respuesta de la interdicción [mal/inter-dic[c]ión] que hace recaer en lo que se impone del ser del analista al final de la partida. Puede verse de una a otra de las dos escrituras de la proposición, que el acento se desplaza sobre el hecho de que “todo el ordenamiento de lo que se hace y existe en psicoanálisis está hecho para que su exploración, esta interrogación (del didáctico) no tenga lugar (21 de enero de 1968).

Así esta destitución subjetiva no definida está, por el contrario, doblemente situada: sociológicamente como el gran secreto y en la práctica de aquellos quienes, con Lacan, se comprometen a jugar las cartas sobre la mesa, como lo que espera el sujeto que emprende un análisis.

La cuestión de la “clientela” es interesante ya que, conduce a Lacan a definir como inocente aquel que se compromete a un análisis; entre las dos versiones, precisa la figura de este inocente: aquel que sólo tiene como ley su deseo. A este —dirá Lacan— no lo detendrá el saber que le espera la destitución subjetiva. “Inocente” se opone a “advertido”. Que el inocente sepa cómo situamos el término del análisis no lo hace menos inocente. El advertido, en el asunto, es el psicoanalista. Está verdaderamente advertido de aquello que lo califica como psicoanalista, a saber, su propio análisis. ¿Advertido de qué y cómo? Advertido de su división de sujeto; y por el sesgo del análisis en tanto que lo condujo hasta este punto de destitución subjetiva. En El acto psicoanalítico (seminario del 20 de marzo de 1968) Lacan da esta indicación: el analizante obtiene como resultado de su análisis volverse [devenir] un sujeto advertido. La verdad del adagio según el cual » un hombre advertido vale por dos», será esta: un hombre advertido habrá valido el objeto que causa su división de sujeto. Ser advertido no es “ser prevenido” sino “haber realizado”.
El psicoanálisis es una vía de la realización del sujeto como sujeto dividido. No es que a su término el sujeto sepa que él está dividido . No se trata del sujeto del conocimiento. El sujeto estaría advertido en tanto que su división está realizada. Hay equivalencia estricta entre «sujeto advertido” y “sujeto dividido” puesto que la advertencia no es una determinación del sujeto. Ser divido no califica al sujeto, pese a lo que nos sugiere la gramática, es el sujeto mismo.
La tesis lacaniana es, entonces, esta: la instauración del sujeto como tal consiste en su destitución. Se entiende que puede chocar, incluso ser objeto de escándalo. Esta tesis tiene el aspecto de una paradoja. Siguen otras afirmaciones que tienen la misma apariencia, por lo tanto, también tienen el mismo aspecto de escándalo.

Primero ésta: La destitución subjetiva espera, al final de su recorrido, a cualquier sujeto analizante. Es decir que está colocada como lugar común. La promesa es la misma, sino para todos, al menos par cada uno, aún cuando las vías de acceso a ello sean singulares.

Francís Duprè (cf. La solution du passage à l’acte, p.8)5 retomó una solución de Ponge respecto al devenir que le espera al hallazgo poético hasta hacer de esta observación la base de una sujeción de la locura : “»Sucumbe en los lugares comunes», dice el poeta dirigiéndose al hallazgo, al suyo incluido – » Tú estás hecho para ellos”.6

Notamos aquí que este lugar común es una condición de posibilidad para el pase en el sentido en el que el dispositivo implica que el passeur esté, él también. en el pase. Este “él también” sólo se sostiene porque se trata del sujeto como tal, De su paradójica instauración/destitución. Tanto para el passeur como para el pasante.
Acabo de hablar del “sujeto analizante”. El tiempo del pase es este momento donde esta apelación se revela abusiva. ¿Qué es un cliente —para decirlo de otra manera— para un analista lacaniano? ¿Es un psicoanalizaste? Sí, desde luego, descriptivamente. Pero no fundamentalmente. Esencialmente, se trata de un sujeto y desde el punto de vista de la subjetividad, “analizante” no vale más que “analizado”, o aún que el espantoso “paciente”. El corte está ahí de entrada, haciendo antípoda a la destitución subjetiva: si pido un análisis a un lacaniano, me recibe como sujeto, como sujeto parlante. Por supuesto no hay necesidad de decírmelo para que eso sea el caso. Aún más, esto puede significarse en la formulación de la regla fundamental, aquel que Lacan redefinió en el momento de la proposición7 al decir que se trata de instar al sujeto a que abdique, que se consagre “a la deriva del lenguaje”. La regla se dirige al sujeto como tal en tanto que establece la prueba de su “propia renuncia”.
“Analizante” es, en efecto, un predicado. Sin embargo, en el momento del pase, se trata del sujeto en tanto tal, como tal, en tanto que debe de situarse más acá /más allá de todas predicación. La cosa no es fácil de comprender. No hace falta, para acercarnos, despejar la subjetividad como tal, en tanto distinta de la predicación, ésta interviene como operando un cierre de la cuestión de la subjetividad. Todo el trabajo del seminario El acto psicoanalítico, muestra como la subjetividad instaura la predicación.
Lacan se apoya en un esquema de Pierce para hacerlo valer. He aquí el esquema8:

En este esquema, Pierce sustenta el sujeto en el trazo y el predicado en el carácter “vertical”. Es una elección, una elección conlleva consecuencias, pero cuyas consecuencias que sólo pueden aparecer por el hecho de la transliteración en otra escritura (la del esquema) de la notación, ya clásica desde Aristóteles, de la lógica de los predicados. Esta lógica distingue cuatro grandes modos de proposiciones:

UA — Universal afirmativa : todo trazo es vertical

UN — Universal negativa : todo trazo es no vertical

PA — Particular afirmativa: algún trazo es vertical

PN — Particular negativa: algún trazo es no- vertical

Es claro que tenemos :

      -   UA    verdad en    ab

      -   UN    verdad en    bd
 
      -   PA    verdad en    ac

      -   PN    verdad en    cd

La universal privilegia entonces «b» y excluye «c», la diversidad.
La particular privilegia «c» y excluye «b», el no- hay- trazo (pas-de-trait).

El interés de esta transliteración (análoga a aquella de la cadena L, puesto que ahí se juega un mismo efecto de reagrupamiento : aquí a una proposición corresponden dos casillas) es que revela este privilegio y esta exclusión.

  • A nivel de la particularidad, de la exclusión del no-hay-trazo nos permite comprender cómo se pudo tan fácilmente admitir que la particularidad implica la existencia.
  • Al nivel de la universalidad, que es lo que de principio nos interesa puesto que no podemos hablar del sujeto como tal más que universalmente, el privilegio otorgado en b a ese no-hay-trazo nos indica que es justamente ahí y antes que nada, donde se trata del sujeto. Por eso, la traducción que se desprende de esta transliteración: todo trazo es vertical equivale a: ahí donde no hay trazo vertical, no hay trazo.

Vemos aquí diacrónicamente, como la elección de Pierce de encarnar el sujeto por el trazo se encuentra cuestionado por el simple desarrollo de sus efectos. Representando al sujeto se desboca en tener que constatar que el sujeto nunca es más que representado. Este procedimiento es ejemplo de lo que nombraremos aquí proceso, de lo que se puede esperar de un proceso en la medida en la que está logificado. De la misma manera, el analizante se compromete en el proceso de su análisis al hacer la elección de abdicar como sujeto; se puede esperar de esta abdicación su instauración como sujeto, dicho de otra manera su destitución subjetiva.

Vemos también como, sincrónicamente, la predicación encubre el trazo, como es el pasaje al universal que sólo es en la medida en la que se hace valer el no— hay — trazo [pas-de-trait] dicho de otra manera, el sujeto en tanto que no es más que representado. La lectura de Lacan sostiene que un vector atraviesa el esquema de Pierce, la barra propiamente dicha. Este vector c —- b va desde el sujeto que funciona como excluido hasta el sujeto que no es más que representado. Este último punto es el punto umbilical del esquema de Pierce, el lugar donde se revela agujereado (agujero que se inscribe al desconocerlo cuando se traza el círculo que rodea el esquema).

A la tesis según la cual el sujeto sólo se instaura como destituido se añade , entonces, esta otra: el sujeto puede funcionar como excluido.

Que el momento del pase pueda convertirse en un lugar común se sostiene en que, en ese momento, el sujeto está tomado universalmente, tomado como nada más que representado. Ahora bien, el saber de este momento nos importa, nos importa aún más porque lleva al saber a su punto de incandescencia: «lo único que realmente vale la pena articular en el saber es saber ‘la universal afirmativa’» (Sesión del seminario El acto psicoanalítico, del 6 de marzo de 1968).

Este saber, en el pase es del sujeto como no siendo excluido. Es una figura muy específica, local, del saber: y mucho más difícil de especificar cuanto que la teoría está hecha para enmascararla. No es inocente que hayamos evocado aquí de entrada el “gran secreto” e introducido el término “forclusión”. Las articulaciones de saberes que operan una exclusión del sujeto son variadas. Tenemos ejemplo de ello en la atribución en lógica; toda la clínica analítica podría estar etiquetada bajo esta rúbrica —- en el que el estatuto, notable por ser excepción, de una clínica del pase. No se trata simplemente con el análisis de una distinta y mejor articulación de estos saberes que excluyen al sujeto; tampoco se trata simplemente de hacer estos saberes conscientes o inoperantes en cuanto su alcance sintomático; se trata más ambiciosamente, de “una conversión de la posición que resulta del sujeto en cuanto a su relación con el saber” (seminario El acto, sesión del 22 noviembre 1967). Esta conversión es la subversión del sujeto.

No es porque acabamos de hablar de exclusión del sujeto que nos es preciso concebir esta conversión como un pasaje a una positividad al fin adquirida, como el acceso a un saber absoluto. Hace mucho tiempo, en 1967, que Lacan tomó distancia de Hegel. Se trata del sujeto y si este sujeto cartesiano no es nunca salvo lo que se dice, a saber, representado, Resulta que su estatus es aquel del no— hay— sujeto [pas-de-sujet].

El sujeto es hypokeimenon y no ousia; el no hay sujeto `[pas-de-sujet] es el sujeto mismo; esto da cuenta de que su instauración no puede ser otra cosa que su destitución.

El saber inconsciente como uno de los modos de saber que excluye al sujeto nos interesa, por supuesto, de una manera muy especial.  El significante reprimido aquel que regresa (y fuera de este retorno hay lugar para prohibirse hablar de represión [refoulement], en todo caso en el sentido de la represión secundaria) se caracteriza por no representar el sujeto para otro significante aún y cuando se articule a otro significante (El acto, seminario del 17 de enero de 1968).9 Esta observación presenta la teoría lacaniana de la represión [refoulement]. Ahí donde hay represión [refoulement] hay saber sin verdad (Cf., la neurosis definida por Lacan como «caso de verdad»)10, de una verdad, desde ahora concebida como lo que resiste (sí, «resiste»: –la verdad está de lado de la resistencia) a la operación del saber que hace el sujeto.

Partiendo de ahí, ¿qué quiere decir, de la represión [refoulement] del inconsciente tomado como saber, «subversión del sujeto»? ¿Qué puede ser la «conversión» de la relación del sujeto al saber? Responderemos diciendo que ya no es más posible, hoy precisamente, partir solamente de ahí.

Ya no estamos en el tiempo en el que la transferencia hacía su entrada secundariamente, en el análisis. Hemos aprendido que no hay represión constituida sin que ella sostenga, correlativamente, la función del sujeto supuesto saber. Al suplementar así la cuestión freudiana la desplazamos al mismo tiempo (se trata de una metonimia: el «no todo» por la parte). Partimos entonces más bien y precisamente, de lo que Lacan llama «distribución» del efecto de sujeto, lo que viene de nuevo a decirnos que tampoco partimos tan sólo de la neurosis, sino simultáneamente del deseo del analista.

Si, en el inconsciente, el saber permanece aislado sujeto, la realización significante de este saber no está sin «relación»11 (El acto, seminario del 20 de marzo de 1968)12 con una «revelación de fantasía». En eso consiste la distribución; por un lado los significantes articulados entre ellos pero desvinculados del sujeto, no haciendo S1 ➖ S2; por otra parte, la inscripción del sujeto, en su fantasía, al nivel del objeto. Como tal, esta distribución (que corresponde al esquema llamado de la alienación introducido en el seminario de La lógica de la fantasía y continuado en el seminario El acto analítico y que da su soporte a la escritura de la proposición) es el efecto de sujeto.

No puedo estudiar aquí como convendría la ubicación lacaniana del Urverdrangung como opera en La lógica de la fantasía. Contentémonos con anotar que encontramos en el cierre de un análisis los mismos elementos que permiten precisar este estatus de excepción que tiene la represión [refoulement] originaria (ellos mismos , por otra parte, al recibir una definición excepcional para la ocasión). Es posible observar que este cierre no es nada menos, en Lacan, que una forma de hacer que vuelva a intervenir la represión [refoulement] originaria. pero de manera diferente, pero al revés de su efecto principal de fundación de la posibilidad de la represión [refoulement] secundaria,

La represión originaria constituye al sujeto al nivel del objeto. El objeto a es la primera figura de la subjetividad —pero de la subjetividad en calidad de excluida– de hecho, está relacionado con la ubicación de la subjetividad en el nivel del objeto a que Lacan introduce por primera vez el término «deser» [«de´sêtre«] (11 de enero de 1967).13 a minúscula es la sustancia del sujeto, pero justamente en la medida en que esta sustancia no puede de ninguna manera serle atribuida. (12 de abril de 1967).

Incluso, una vez congelado en la fantasía el objeto a no puede ser llamado el sujeto. En este sentido, la fórmula $<>a puede revelarse fuente de un error; el objeto a en la fantasía, no divide verdaderamente el sujeto.

Una vez acentuado el «campo del sujeto» (15 de marzo 1967), Lacan puede poner los puntos sobre las íes con respecto a esta fórmula de la fantasía, y al igual que reconoce el error que fue el «ello habla» [«ça parle«] , destaca que «el yo [je] como tal está precisamente excluido de la fantasía» (en el mismo seminario del 11 de enero de 1967) —su forma de retomar y situar la exclusión, identificada por Freud, del «soy golpeada por el padre» [Je suis battue par le père] (la exclusión del yo [je] arrastra con ella la del conjunto de la proposición).

Un psicoanálisis no es la operación que daría sus sustancia de a al sujeto; el análisis, en la medida que hace acto, da su sustancia de a minúscula al psicoanalista, y, en esto, instaura al sujeto como tal, es decir, como destituido.

Es por eso que la cuestión en juego en el pase no es aquella de la identificación al psicoanalista sino aquella de la identificación del psicoanalista, del psicoanalista cuya definición es de ahora en adelante : un sujeto para quien es realizado «el nuevo estatus del sujeto que implica el objeto freudiano» (el 1º de enero de 1967).

Si a minúscula es la primera Bedeuntung14 del sujeto, si el punto de partida de la subjetivación está en el » yo no soy» informulable pero, sin embargo, designable como «deser» [désêtre], y si hacer de esta referencia el objeto de una atribución está para siempre excluido, no queda otra posibilidad, en cuanto a la subjetivación, en cuanto al engendramiento del sujeto, sino de efectuar esta exclusión de a como referencia. Así que la subjetivación no podría ser más que des, desubjetivación, destitución subjetiva estrictamente correlativa del «deser» del objeto en A. Esta efectuación, como la nombro, esta efectuación que es aquella de la transferencia, es por lo que el sujeto accede al no – todo (y especialmente al no todo saber el cual funda el estatus del saber como invención) —ya que el todo no encuentra su consistencia más que en este objeto en tanto no está afectado por el deser [désêtre].

Interrogamos, para concluir, otro punto: ¿Cuál es , en este momento del pase, la relación del sujeto con el º saber o aún y más precisamente, con la articulación del saber y la verdad? Escojo este punto ya que va a permitirnos abordar un rasgo susceptible de dejarnos distinguir, mientras ambos están en el pase, la posición del passeur y la del pasante.

Hemos ubicado algunos puntos de referencia sobre esta relación del sujeto con el saber; aparecen lo suficientemente articulados como para que podamos afirmar ahora que esta relación, en Lacan, y especialmente en este momento de su trayectoria que sirve de base a la Proposición, está vectorizada. El gradiente mismo consiste en que es la operación al saber la que hace al sujeto. La subjetivación es un proceso de re-inscripción que vale como conversión. El sujeto se inscribe primero como des-ser en el nivel del objeto a, este comienzo implica que se admita que; » el hecho de que los seres vivos hablen no los determina inmediatamente como sujetos» (La lógica de la fantasía, sesión del 16 de noviembre de 1966). Que haya vectorización quiere decir que no hay connivencia. —contrariamente a lo que sugiere la estética— entre subjetividad e inmediatez. Por el hecho del análisis, esta primera inscripción en hueco [en creux] de la subjetividad se realiza en el lugar del Otro, en la medida en que este des-ser del objeto causa del deseo golpea esta figura ficticia y, no obstante, extraordinariamente importante [pregnante] del sujeto supuesto saber. Luego se instaura la subjetividad como destituida, dividida por el objeto rechazado. Por el hecho de este rechazo el sujeto sólo puede igualarse a sí mismo al nivel del no-todo [pas-tout], del no -todo saber de la impotencia de saber, dice incluso Lacan.

Es ahora el momento o nunca de dar a la impotencia su valor positivo: la impotencia no es «no poder» [«ne pas pouvoir«] sino «poder no» [«pouvoir ne pas«], está aquí en su lugar «poder no». Nótese que no hay acceso a este «poder no» a menos que haya una disolución subjetiva de la oposición saber / verdad. Mientras la verdad resista a la operación del saber, mientras se suponga una verdad que siga siendo supuesta por algún sujeto, la relación del sujeto con el saber no puede realizarse en el «no – todo», Vemos aquí cuán riguroso es Lacan, al plantear la verdad como resistencia:

Vamos a poder, con esta disolución de la relación saber /verdad como correlativa de la instauración de la subjetividad, diferenciar la posición del passeur y aquella del pasante. Esta diferenciación nos importa por más de una razón, pero también porque define los límites entre los cuales hay una solución de continuidad y que son a partir de lo cual Lacan define al pase como un salto del lado del pasante. Cabría, en relación con el salto, retomar las observaciones de un Kierkegaard, no puedo hacerlo aquí.

Digamos, pues, en una fórmula, que en este momento de disolución de la relación saber/verdad, esta disolución se realiza para aquel que está en el pase (y por lo tanto, posiblemente passeur) en beneficio de la verdad, pero de una verdad que él es, mientras que para el pasante quien es el que efectúa el salto «acepta el desafío», «retoma la antorcha» (El acto analítico, seminario del 10 de enero 1968) esta disolución adviene en beneficio del saber.

Hay pues esta disparidad entre el passeur y el pasante,. Se deduce que en efecto, una nominación del pasante es posible e incluso deseable ya que un saber inédito sobre el didáctico es como tal articulable por el pasante y esto vale para ser ratificado; por el contrario el término «passeur» no es un título, y designar un passeur no es nombrar. «Passeur» es el nombre de una función de la cual un sujeto, en ciertas condiciones, puede hacerse el argumento: la verdad, aunque presentificada en un ser, es innombrable; que ella hable basta.

Quien está en el pase no sabe, como tal, que de-ser sacudió, en su analista, el objeto a soporte del sujeto supuesto saber. Él mismo es esta verdad incurable que ´le ha alcanzado no sin saberla, pero, sin embargo, sabi´endola. Que él la haya alcanzado no sin saberlo quiere decir aquí que es la operación del saber que lo ha producido, a él, como siendo esta verdad. El pasante sabe en lo que su analista se convirtió. Lo sabe por su posición de pasante a analista, porque reinstala ese estar en vilo [porte à faux15] del sujeto supuesto saber para un analizante.

Cerremos sobre este estar en vilo [porte-à- faux]: es para tomar al pie de la letra: este en falso que lleva el análisis; no al mentir- verdadero querido por Aragón, sino al hablar loco [falso]. Este hablar no depende de la palabra sino del lenguaje. El lenguaje «está mal hecho» decía Lacan a un lógico, más o menos virtuosos, tocamos el piano pero en un instrumento desafinado. El acto analítico como artificio del sujeto supuesto saber bien puede ser calificado como estafa –como la poesía , precisaba Lacan; sin embargo, esta estafa acierta [tombe juste] en cuanto a la instauración de la subjetividad. Lo justo no es lo verdadero, porque el lenguaje está mal hecho, jodido, lo justo es precisamente que la enunciación del deseo, Lacan lo formulaba en febrero de 1968, nunca puede ser mejor que la enunciación de la mentira.

N O T A S

  1. Este Artículo fue publicado en la revista Litoral, Nº 41, tr. Beatriz Aguad, Ed. Epeele, julio de 2008, pp. 73 y ss. He retraducido el texto pues encuentro diferencias de lectura así que propongo esta otra traducción. Liga hacia el original : https://drive.google.com/file/d/12rVrsgOm6jhCzfdcGj5NiDTmAqH6fzQD/view?fbclid=IwAR1ABxW3H1e9a-ugtKZxG4wWB4P6zdGVlFjx9pEifgQmBk2YK2ULjDMK07w ↩︎
  2. Seminario El acto analítico. Inédito. Hay una versión crítica en la biblioteca de L’école Lacanienne de psychanalyse. https://ecole-lacanienne.net/bibliolacan/seminaires-versions-critiques/ ↩︎
  3. N.d.T»Le grand motus». es una expresión en francés que se puede traducir como el»gran silencio» o «gran secreto». Se utiliza para referirse a algo que se mantiene en absoluto secreto o en total silencio [n.†]. ↩︎
  4. La expresión «mettre les pieds dans le plat» es una expresión en francés que se puede traducir al español como «meter la pata» o «meterse en camisa de once varas». Se utiliza para referirse a una situación en la que alguien dice o hace algo inapropiado, causando una situación incómoda o vergonzosa. ↩︎
  5. Francis Dupré fue el heterónimo usado por Jean Allouch, Erik Porge, Mayette Viltard en: La «solution» du passage à l’acte. Le double crime des soeurs Papin. Littoral fabrique du cas, Ed, Érés, Toulouse, octobre 1984, p.8. [Hay traducción al español y su versión llevó el nombre de los autores, cf., Jean Allouch, Erik Porge, Mayette Viltard. El Doble crimen de las hermanas Papin, ed. Epeele, ,México, 19999, p. 15. ↩︎
  6. El original «decede», del verbo «décéder» que significa morir, por otra parte la frase «Tu es faite pour eux», se deja escuchar como «tue», mata. [N.T.] ↩︎
  7. El acto analítico, sesión del 7 de febrero de 1968. Inédito. ↩︎
  8. El acto psicoanalítico , sesión del 7 de febrero de 1968. Inédito. ↩︎
  9. «Accointance», dice el original , esta palabra se refiere al conocido, como se dice «una persona conocida». Una frecuentación. una participación, compadrazgo. El verbo «accointer» :estar en relación [N .T.] ↩︎
  10. Bedeutung, Aunque a veces es traducido por significación (La significación del falo, por ejemplo) en esta ocasión la hemos traducido com referente tal como lo utiliza Lacan en las sesiones del 13 y 20 de marzo de 1968 apelando a la lógica y en particular al artículo de 1892 del del importante filósofo y matemático Gottlob Frege, Über Sinn und Bedeutung, Sobre el sentido y la referencia a veces traducido como Sobre el sentido y la denotación, 1892. En él, Frege traza una distinción entre lo que él llama el sentido de una expresión, y su referencia. Según Frege, el sentido y la referencia son dos aspectos distintos del significado. Para él tanto las expresiones de objeto como las de concepto tienen una referencia (un objeto al que se refiere) y un sentido (una forma de hablar de ese objeto). ↩︎

Joyce y la función del artista

Este texto ha sido publicado en en Saint-Gérand- le- Puy. 2022.

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Patricia Garrido Elizalde

“De lo que ha visto y de lo que ha oído, el escritor regresa con
los ojos llorosos y los tímpanos perforados”
Gilles Deleuze
1

Imagina que es mayo de 1939, y eres un crítico de libros presentándotecon una copia de Finnegans Wake…. Los críticos habían comenzado a leer la última novela de James Joyce, el misterioso work in progress justo antes de que WW2 estallara. Malos tiempos no propicios para su lectura. Al estallar la segunda guerra mundial, después de vivir un año en Saint-Gérand- le- Puy una ciudad situada cerca de Vichy, y luego de rehusar la invitación para trasladarse a los Estados Unidos, James Augustine Aloysius Joyce vuelve a refugiarse en Suiza como lo había hecho en la primera guerra mundial del siglo XX. Nace el 2 de febrero de 1982, y muere en Zurich, a consecuencia de una operación de un…

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Joyce y la función del artista

Patricia Garrido Elizalde

“De lo que ha visto y de lo que ha oído, el escritor regresa con
 los ojos llorosos y  los tímpanos perforados” 
Gilles Deleuze
1


Imagina que es mayo de 1939, y eres un crítico de libros presentándote con una copia de Finnegans Wake…. Los críticos habían comenzado a leer la última novela de James Joyce, el misterioso work in progress justo antes de que WW2 estallara. Malos tiempos no propicios para su lectura. Al estallar la segunda guerra mundial, después de vivir un año en Saint-Gérand- le- Puy  una ciudad situada cerca de Vichy, y luego de rehusar  la invitación para trasladarse a los Estados Unidos, James Augustine Aloysius Joyce vuelve a refugiarse en Suiza como lo había hecho en la primera guerra mundial del siglo XX. Nace el 2 de febrero de 1982,  y muere en Zurich, a consecuencia de una operación de un absceso intestinal, el 13 de enero de 1941. 


Tenemos una biografía intelectual, a minima,  la presencia en su pensamiento de Santo Tomás de Aquino, puesta en crisis,  por  las lecturas de Bruno. Por otra parte, Ibsen, en su atención estrecha entre el arte y el compromiso moral, y de manera omnipresente —asimilada en los libros— la poética simbolista, “todas las seducciones del decadentismo, el ideal estético de una vida dedicada al arte y de un arte sustituto de la vida”, acicate, en fin “para resolver los grandes problemas del espíritu en el laboratorio del lenguaje”. Una mole inmensa de lecturas  posteriores a sus primeros escritos, un acercamiento a los grandes problemas de la cultura contemporánea, que va de Freud y Jung a la física relativista; sus textos podrían ilustrar la física cuántica y el principio de incertidumbre, nuevas dimensiones del universo. Aunque su configuración forma mentis (forma/ idea/ mente) no cambia con ese cúmulo de memoria. Uno se ve en un gran apuro —con placer y horror— perdido en un bosque de originalidades. El temperamento novelístico súbitamente modificado, purificado y rejuvenecido, daba flores vigorosas y de un perfume tan heterogéneo que creaba sorpresas irreprimibles, provocando elogios abundantes, una admiración locuaz y hecha necesaria la creación de nuevas  categorías de lenguaje crítico. Nadie como Joyce hizo hablar tanto de poética y de estética a sus propios personajes y a un enorme  masa de literatura crítica sobre él, a veces, con textos  tan impenetrable —-que en rapto—-  casi uno no  advierte una mole de obras, pesada y voluminosa,  de lo que se comenzó en llamar desde los años cincuenta, la James Joyce Industry.

Para nadie es desconocido que Joyce en el terreno de la literatura tocó todos los registros de la prosa e incluso la poesía y el teatro, es por excelencia el escritor del enigma. Menos conocida es su pasión por la música que sirve de patrocinadora de su arte en muchas de sus obras literarias,  sea en sus cuentos Dubliners (1914), en su poesía especialmente en Chamber music (1907)  y en su obra novelística A Portrait of the Artist as a Young man (1904), en su cumbre, Ulises (1922) y en Finnegans Wake(1939). Su hogar, según sus biógrafos2 estuvo pleno de música, como elemento esencial de su crianza, —ahora sabemos cuan influyente fue el canto del padre—- pasaba horas cantando al compás de arias y baladas de Balfe o de Thomas Moore. En Trieste considerados “los años de esplendor”,3 con una vida operónoma Joyce tuvo la oportunidad de seguir una carrera musical, lograba ingresos con ello, ya que tenía la voz de un tenor.  Pasión que no abandona, y de manera proteica, magistralmente la transmutó en una alta dosis de musicalidad en su escritura. Borges en uno de sus comentarios da una tonada diligente “ supo todos los idiomas y escribió en un idioma inventado por él. Un idioma que es difícilmente comprensible, pero que se distingue por su música extraña. Joyce trajo una música nueva al inglés”. E incluso influenció el cine, la literatura, la arquitectura, los músicos, no fueron ajenos, John Cage, Samuel Barber, que creo Nine Joyce Songs. En el rock, Syd Barret de Pink Floyd, le puso música al poema V de Chamber Music, y muchos otros recrearon música inspirada en la obra. En Dylan’s 2009 álbum, Together Through Life,  en la pista “I fell a Change Comin’on (Siento un cambio por venir); I’m listening to Bill Joe Shaver /and I’m reading James Joyce/ Some people they tell me / I got the blood of the land in my voice ( estoy escuchando a Billy Joe Shaver/estoy leyendo a James Joyce/ Algunas personas me dicen/Que porto la sangre de mi tierra en mi voz).
Joyce no despliega un curso de fonología. No son versos para ser acompañados, o poemas para ser cantados, es la musicalidad en sí misma; hasta podríamos decir que se sirve de la escritura musical como instrumento de desciframiento de su prosa para producir un rosario de correspondencias poéticas, cuyo valor erótico se sostiene, precisamente, en el franqueamiento de una escritura a otra.


Edmond Wilson, tomando una cita de TS Elliot, pero refiriéndose a Joyce, enhebra “es un escrito para el oído”. Joyce con fuerte dificultades de la vista, sin embargo, tiene una extraordinaria capacidad verbal auditiva.  Al leer en voz alta,  los poemas de Música de Cámara  se puede percibir su sensibilidad y dicción, música en sí mismos. Wilson, como Jacques Lacan,4 refiere la deficiencia dramática y narrativa de Joyce como escritor ¿podríamos pensar que esa potencia para acercarse a la música lo haya hecho, además de su talento y conocimiento sobre música—- para compensar esa debilidad dramática? Joyce aconsejaba: “Todo es simple, si alguien no comprende un pasaje, todo lo que necesita hacer, es leerlo en voz alta”. Los juegos de juegos de Joyce con la música son múltiples en Finnegan WakeMusic. And old lotts have funn at Flammgen’s ball”. 5


Por otro lado,  rabelaisianamente, una biografía que se publicó en vida de Joyce contiene esta preciosa indicación:  the name is obviously of french extraction– Joyeux.6 Para resolver lo que podría desembocar en un impasse, será necesario una nominación que equivalga, casi a una mostración -una especie de expresión deíctica personal, donde el participante, es casi una tautología creadora traduciendo de hecho el nombre de Joyce, sino en francés, quizás en lacaniano.  El nombre de Joyce, significa simplemente lo que la etimología oculta —ser gozoso en exceso, de un goce místico, y aún más, o por lo menos, muestra una vía de acceso al goce. ¿Quién goza del goce de Joyce? Hallazgos divertidos, felicidad translenguas/ l’élangues, “riendo solo” de los hallazgos sucesivos que constituía su escritura, Nora dixit.

ESPACIO ESTÉTICO

Joyce dejó una gran cantidad de notas, de garabateos Scribbledehobble. La pregunta en suma, es la siguiente ¿Cómo saber según sus notas en lo que creía Joyce?
Ulises, algo tan magno, se dice, una epifanía idéntica a la catedral veneciana de San Marcos, pero ahora lo profano se imponía a lo sagrado para concebir una religión laica. Ulises novela operante y turbadora, cambia el mundo literario. Al publicarla, ya era conocido por sus otras obras, pero es su adaptación modernista de la Odisea de Homero lo que ha impactado más. Es decir, utilizar mitologías ancestrales para mostrar su idea del mundo contemporáneo. Parece que la intención de Joyce era explorar el inicio de la literatura que se originaba con Homero, y que se concluía con su propia novela.
En realidad 18 ficciones en una, pues cada uno de los capítulos contiene un estilo distinto dentro de una historia unitaria. Sus dieciocho horas de duración podrían jugar con la ‘durée’ bergsoniana, por la extensión del libro, un entretejido espacio-tiempo, un marco narrativo en el que dos sucesos aparentemente divergentes se pueden dar a la vez; figura literaria donde la ciencia se identifica con la literatura, una realidad discontinúa que se alimenta de la ficción; repleto de fragmentos inolvidables y una recursividad técnica incomparable, deudora de algunos pasajes del gran arte de la centuria.7


Joyce, recibe la primera copia el jueves 2 de febrero de 1922, la jornada de su cuadragésimo aniversario. La novela como los imprescindibles de Proust y Musil, se verá lastrada por sus dimensiones épicas y la conciencia de genialidad, una máquina de precisión en la lejanía por su querencia a los detalles de la otra fecha esencial de su biografía, el jueves 16 de junio de 1904, en que se produjo el flechazo con Nora Barnacle, acontecimiento, actualmente, conocido como Bloomsday.


Esta novela deudora como decía del arte de esos años, cuando el desdichado Leopold Bloom se masturba en la playa, los fuegos artificiales son cine en mayúscula, contrapunto de otro erotismo mucho más polémico a nivel mundial (recuerden que estuvo prohibida en UK y en los EUA hasta el año 1933), el de Molly en el monólogo interior del capítulo final, en la que se ha podido localizar la herencia austro-húngara acuñada en lo literario por Arthur Schnitzler en 1900 con su “Teniente Gustl”, según J.Aubert.


Esta obra presenta la apariencia de capas geológicos, de estratos sucesivos: abundan allí modificaciones, a veces auto citas, cuyos temas e ideas, humor, ironías y hasta sarcasmos, parecen indicar un distanciamiento. Joyce explica a su amigo Carlo Linatim a través de un esquema el objetivo y el propósito de su novela, en la que cada capítulo se refiere a un canto de la Odisea, a un color, a una hora del día, a una ciencia, a un arte, a un símbolo, a un órgano del cuerpo humano, a un sitio en particular de las calles de Dublín, y a una técnica narrativa diferente. Según el biógrafo de Elliot “La lectura del Ulises le había causado al poeta una impresión mayúscula, por el sin numero de voces enmascaradas a través de un bello lenguaje, ese mismo ejercicio de estilo, Elliot lo haría a su manera en el largo poema, The waste Land.


Este texto se ve acompañado de la desventura personal, Joyce redactó el Ulises combinado con una lenta y progresiva hipermetropía que lo dejara prácticamente ciego, la que obstaculizaba avanzar con mayor rapidez y efectividad la conclusión de su trabajo. Nómada había abandonado esa identidad de frontera. Para 1919 dijo haber dejado su alma en su Dublín, clave para comprender la concepción de su novela: “Para mí, si escribo sobre Dublín porque si puedo llegar al corazón de Dublín, puedo llegar al corazón de todas la ciudades del mundo”, “Cuando muera, Dublín estará escrito en mi corazón”.


Retengo, del biógrafo de Elliot: La reunión en París entre Elliot y Joyce, como para otros, el pintor inglés Wyndham Lewis, le pareció que Joyce, no puso mucha atención a la conversación de Elliot y que más bien se comportó arrogante. En su severo acento bostoniano, Elliot le comentaría más tarde a Lewis que Joyce era tan altivo como Lucifer. Sin embargo, sería un Lucifer severamente empobrecido, ya que también sobresalió en ese histórico encuentro que Elliot le llevó un par de botas viejas como regalo de Ezra Pound debido a las extremas carencias económicas del irlandés.
A cien años, hoy se lee, pero también se relee y releyéndose se escribe. Ulises, pasa su tiempo reescribiéndose.


DEL COMENDIANTE AL INVENTOR

¿Quién inventa? ¿Quién es el inventor? 


Flaubert, era el gran conocedor de la palabra exacta, extraída con pinzas de su estuche de piel por una lapidaria y rabiosa diligencia.  Joyce al igual que Flaubert, aísla palabras para mostrar su lado menos burdo; cuando las aísla en expresiones coloquiales es porque quiere que nos percatemos del estilo, “que habitualmente es un préstamo o una parodia”. Hugh Kenner,8 lector y crítico literario muy importante de la obra de Joyce, nos sugiere recurrir al recurso de imaginar las dificultades de un lector extranjero para advertir de manera fácil el hábito característico de Joyce para lidiar con la palabra, pues continuamente evade los patrones normales del inglés que los lingüistas estructurales han estudiado tanto.

List!List!List!, citando a Hamlet literalmente en el Ulises.

Va más allá de las afirmaciones estéticas de los personajes en la obra, sobre todo, en esta novela, “los problemas de estructura emergen del contexto con tal violencia que representa un modelo de poética implícita que se afirma en las nervaduras mismas de la obra” (Umberto Ecco). 
  Coloca, se nos dice, la locución adverbial antes del objeto, coloca el verbo entre el sujeto y frasea en yuxtaposición al sujeto y tiene una inventiva infatigable para colocar el adverbio donde ejercerá un acento frente a los demás miembros de la oración. Nos encontramos delante de maniobras que no son de un hombre que habla, estamos frente a un hombre que escribe. Un hombre que toma doce o catorce palabras escogidas y determina en qué orden deben desplegarse.  En efecto, hay dos  cuerpos  de  la  escritura, como se dice dos cuerpos del rey (Kantorowicz). La escritura que está hecha para que se hable y aquella intransitiva, fabulación que no tiene más función que el propio ejercicio del símbolo, se produce esa ruptura, la voz pierde su origen, el autor entra en su propia muerte: comienza la escritura y se inventa un lector.

N O T A S

  1. Gilles Deleuze, Critica y clínica, Anagrams editores, Barcelona, 1997,p. 15.
  2. Richard Ellemann, James Joyce, Anagrama editores,Barcelona ,1991. 
  3. John McCourt, Los años de esplendor. James Joyce en Trieste, 1904-1920, ed. FCE, Madrid, 2000.
  4. Jacques Lacan, ¿Por qué Joyce resulta tan ilegible? Quizás porque no suscita en nosotros ninguna simpatía. Reunión del 11 de mayo 1976 in Le séminaire de Jacques Lacan. Livre XXIII: Le sinthome, éditions du Seuil, París, 2017.
  5. Music in the works of James Joyce: http://www.james-joyce-music.com/songinjoyce.html. [visitado  por última vez el 20 abril de 2022.]
  6. Herbert Gorman, James Joyce a Definitive Biography (1939) , ed. Facsimile Publisher, Lodres, 2017, p.8 .
  7. El año 1922, como índica Peter Watson en su famoso Terrible Beauty fue el annus mirabilis artístico en el que se darían a conocer obras capitales en la cultura de occidente, obras que constituyen los cimientos de la literatura del siglo XX.
  8. Hugh Kenner, Critico literario de lengua inglesa, autoridad en modernismo inglés y literatura de occidente del s.XX. “James Joyce comediante del inventario”, in Los comediantes estoicos, ed.FCE, México,2011, pp. 58-100.

La escritura a flor de letra

Yes. Some of the means I use are trivial-and some are quadrivial. James Joyce.

Patricia Garrido Elizalde1

I. Devenir una vida silenciosa.

En esta ocasión mi interés se centra en Jacques Lacan tardío, aquel de los seminarios posteriores al año 1972, el de la intuición del agujero y del nudo, así como, de su gran potencial operativo, tanto como su singularidad.
Hay un corte y un recomienzo con la escritura nodal del Borromeo. En esa perspectiva ponerle atención como creador resulta un estudio más apasionante, lleno de contradicciones, complejidad y desasosiego. Para los años 70, en el último tirón que no se detiene más que con su muerte, Lacan se ha convertido en un exiliado de su propia obra, en una vanguardia para su tiempo y un punto de partida para el porvenir.
¿Cómo influye el ocaso vital en la obra de un artista? retomando las palabras de Adorno El vanguardismo de los ancianos (Adorno, 1966)(2) y de Edward Said en su Estilo tardío. Música y literatura en contracorriente (Said, 2009). Adorno, en su teoría del arte, destaca que el estilo tardío sorprende por la presencia inesperada del silencio y, para ambos autores no es interesante el punto de vista realista o empírico(3), en este caso el naufragio de una vida, más bien proponen “buscar las causas del silencio en “el objeto mismo estético”. Lacan, durante los seminarios de los últimos años vino cada vez más silencioso, las sesiones menos frecuentes y menos extensas, su público cada vez más escaso. Él mismo con fastidio invitaba, “¡sean menos en el recinto!”. En efecto, en la época nodal su público lo abandona. Lacan se volvió más silencioso, acaparado por Joyce tanto como por el nudo Borromeo, por su nudo bo, “como lo llamaba jugando con el equívoco del Monte Neubo, donde Moisés descubría la tierra prometida y donde murió”. 4
A partir del seminario Encore [Aún] el nudo Borromeo tomó un enorme protagonismo en su enseñanza. En el seminario que siguió a Le sinthome, los nudos se volvieron casi exclusivos pese al título joyceano: L’insu que sait de l’une-bévue s’aile à mourre, que recordaba los juegos homofónicos translingüísticos de Finnegans Wake: who ails tongue coddeau, a space of dumbillsilly, donde Lacan, según su propio decir, no habría sabido sin Jacques Aubert, escuchar ou es ton cadeau, espèce d’imbécile?5
En el seminario, los nudos se hicieron más presentes y el diálogo con los topólogos —jóvenes matemáticos, Soury y Thomé, recuerden esos nombres— que lo acompañaban frecuentemente en un intercambio sostenido, se prolongaba en el marco mismo del seminario bajo esta forma, también, de diálogo. No se contentaba con dibujar sus nudos, asimismo los fabricaba, con “bouts de ficelles”, cuerdas que cortaba y volvía a pegar: La sala, las mesas, la recámara en Guitrancourt repletas de cuerdas, hilos y nudos. En su consultorio a la hora de las sesiones Lacan tejía con cuerdas marinas, o aquellas de los scouts, pizarrones, gises de colores lo acompañaban por doquier. Su estilo fue menos teatral y menos agresivo. “Je vieillis, je deviens gentil” [“Envejezco, me vuelvo gentil”], exclamó un día, relata Millot.6 A fuerza de escrutinio y desmontaje su enseñanza alcanzaba una claridad inédita. Fragmentada, sin desarrollos, fulguraba un centelleo que tomaba a contra pelo las formas habituales de pensar. Quelles visions dans le noir de lumière! Quelles visions dans le noir sans ombre de lumière et d’ombre!7. Sombras luminosas que emergen de la oscuridad, luego, todo lo que encaminaba a la escritura.
Si bien con este approach Lacan apunta a despatologizar y a dejar de hablar de clínica, también es una manera de interrogar al saber hacer con el síntoma-artificio, al artista, al artesano con su arte. Hay una interrogación sobre el arte, que reza de esta manera: ¿De qué modo el artificio puede apuntar expresamente a lo que se presenta primeramente como síntoma? ¿Cómo el arte, el artesanado, puede desbaratar, si se puede decir así, lo que se impone como síntoma? ¿Cómo un arte puede apuntar de manera adivinatoria a sustancializar el sinthome en su consistencia, pero también en su ex-sistencia y en su agujero?8


Lacan cambió su perspectiva estética; en los últimos seminarios, la mostración de las cadenas y de los nudos —con los que se rompía la cabeza— tomaban cada vez más el lugar de la palabra, que frecuentemente se reducía a los comentarios que Lacan mismo hacía de las figuras. Introdujo una nueva manera de pensar y en la discontinuidad marcó una ruptura. En silencio operó manipulaciones, cortes e intervenciones quirúrgicas, buscó caminos menos trillados y en lugares menos comunes. A veces se estudia la discontinuidad que hay entre Freud y Lacan, por lo menos esa es la posición de l’école lacanienne de psychanalyse, ya que no hay freudo-lacanismo,9 menos atendida es la discontinuidad de Lacan consigo mismo, puesto que abandonaba su propia piel de tanto en tanto. Sin embargo, esta discontinuidad es de un gran importancia, pues lo que resulta interesante en la exploración, en esos años terminantes es su apuesta radical llevada hasta sus últimas consecuencias, la de proponer una nueva escritura para el psicoanálisis. Toda escritura en la soledad reencontrada es silenciosa, el acto de escribir o de leer, puede ser algo silencioso. Durante muchos siglos leer no fue sólo una operación hecha con el ojo, sino siempre con la voz, y escribir era una una actividad sujeta a la presunción de que las palabras elegidas serían animadas por el habla, bastaban cuatro palabras para saber que oímos una voz “Muy devotos necios eran…”. Para acotar este escrito, a continuación, sólo me ocuparé de Lacan y su encuentro con Joyce, su despliegue en el seminario del año 1975-1976, el nudo Borromeo, la cuestión de la locura, finalmente lo que se aprende de Joyce. Provisoriamente diremos de este encuentro —a la manera de Lacan—, que no habrá totalidad. Sin conclusiones: sólo fragmentos, esbozos, irrupciones a la manera misma de la escritura nodal.

II. ¿Qué es un nudo borromeo?


Es el nuevo mos geometricus, tan amado por Spinoza, Pascal y Descartes, el de ellos sostén ideal de la demostración, pero descansa en la falacia de una evidencia formal. Este nuevo es un modo no euclidiano, no cartesiano, no métrico. Otra geometría sobre la cadena donde el sostén y las distancias son flexibles, donde no desaparece el lugar ni las relaciones de sucesión (antes, después), en esos mismos espacios permanecen los envolvimientos (adentro, afuera). Usarlo lógicamente, usarlo hasta alcanzar su real. Adelanto, se precisa ¡no sustancializar el nudo! ¡no sustancializar el nudo!


More geometrico
a causa de la forma, cara a Platón, el individuo se presenta como puede, como un cuerpo. Y este cuerpo tiene un poder tan cautivante que hasta cierto punto habría que envidiar a los ciegos ¿Cómo puede leer a Euclides un ciego, suponiendo que utilice el braille?10


Una nueva geometría que permite mejor ubicarse en el discurso analítico. En su novedad también permite pasar del Nombre-del-Padre a condición de servirse de él. ¿Por qué el nudo Borromeo aparece como el objeto topológico más apropiado para definir y pensar con estas dit-mensiones, real, simbólico e imaginario? Eso viene de las propiedades específicas del anudamiento borromeo: No sólo porque el nudo Borromeo comienza con tres (no hay anudamiento borromeo en una cadena olímpica o con dos cuerdas que se auto-atraviesan), empero, sus tres, que no son los de Freud, están anudados de tal manera que si se corta uno, no importa cual, se liberan los otros dos. Eso quiere decir que ninguna de las cuerdas o anillos de hilo del anudamiento borromeo pasa por el agujero de alguno de los otros y, ninguna cuerda, se enlaza con ninguno de los otros dos. Es un nudo donde no hay relación entre ellos de a dos. El nudo se caracteriza por este efecto de no relación [non-rapport] y es por eso que Lacan lo retiene como medio propicio para dar cuenta del real de la no relación sexual [nonrapport sexuel].


Todo anudamiento entre el simbólico, el imaginario y el real tiene efectos. Ya Lacan en su introducción a la publicación de R.S.I (seminario 1974-1975), en Ornicar?, lo plantea en estos términos, hay que poner sus categorías del Simbólico, del Imaginario y del Real “a la prueba de un testamento”. Lo propio del anudamiento es que implica tres efectos que son: efecto de sentido, efecto de goce y efecto de non-rapport sexuel. Para Lacan el Borromeo no constituye un modelo en la medida en la que hay algo junto a lo cual la imaginación desfallece. Quiere decir que ella resiste como tal a la imaginación del nudo. De la misma manera el abordaje matemático del nudo resulta insuficiente. “La inquietante extrañeza [unheimlich] depende exclusivamente del imaginario y la geometría específica y original de los nudos tiene por efecto exorcizarlo. Pero, resulta por sí mismo extraño que haya algo que permita exorcizarlo (X=I,S)” .


El deseo de conocer encuentra obstáculos. Para encarar este obstáculo, Lacan nos dice, invento el nudo, porque conocer (que es la ciencia) no es el saber (que es el inconsciente). Quiere decir que sólo el nudo es el sostén concebible de una relación entre cualquier cosa y cualquier cosa. Si bien el nudo es por un lado abstracto, debe ser pensado y concebido como concreto: (9 de diciembre de 1975) “ […] figura sutancializada por el escrito, por el dibujo. Esto no quita que lo sentido [senti] como mental, lo sentimental, sea débil, porque siempre en algún aspecto puede reducirse a lo imaginario mental.” Este nudo calificable de Borromeo no se puede cortar sin disolver el mito del sujeto —aquel de un sujeto reflexivo y transparente a sí mismo; un sujeto como no supuesto, es decir, el mito de la existencia de un sujeto real— al que no distingue de cada cuerpo aislable como parlêtre, como cuerpo hablante, cuerpo que sólo tiene un estatus respetable, en el sentido común de la palabra, por este nudo. Imaginar la consistencia lleva derecho a lo imposible del corte, pero por esto el corte siempre puede ser el real, —el real como imposible— …resulta difícil no considerar el real como tercero, ex-siste. Solicitar el orden de un recurso al real no ligado al cuerpo, es pues lejos del real del cuerpo que hay posibilidad de lo que llamamos resonancia y consonancia.


Respecto a este nudo Soury, muy tempranamente, identificó a la topología de Lacan como una intuición del agujero, esta historia del agujero, con relación a las matemáticas es bien diferente. Si bien las superficies y los cortes habían sido notoriamente identificados por los matemáticos,11 la noción de agujero, aunque existente, era bien embrionaria, era un primer misterio… Así que Lacan según Soury se había adelantado a los matemáticos de su época, de la misma manera, señala que para los años 70, Lacan, en un movimiento de ida y vuelta introduce una extrapolación lógica de la noción de agujero más allá de la noción de frontera, para efectuar, luego, un movimiento de retorno, al escribir su aplanamiento, que no es otra cosa que una especie de “proyección”. Es decir, el nudo como objeto espacial y su representación como nudo aplanado en un dibujo, en el que no hay agujero, sino frontera, de ahí la idea y vuelta. En la actualidad, la topología podría definirse como aquella que trata aspectos puramente cualitativos de problemas analíticos y geométricos y estos aspectos se pueden definir en términos de agujeros y/o singularidades globales. Justamente, si tratáramos de encontrar una palabra simple para hacer saber de la complejidad de su estudio: sería la de agujero. Sin embargo, para los topólogos, quizás no sea tan interesante hablar de los agujeros sino es que para definir la propiedad topológica del género y su posibilidad de conectividad.


En el lenguaje de todos los días tenemos distintas formas para definir a los agujeros, de maneras no equivalentes, quizás la definición más común habla del número de orificios que tiene un objeto o una superficie. Hay, también, la aprehensión de la filosofía, que siempre lo destinó a la negatividad, la negación, el vacío o la nada. Pero sólo Lacan hace notaciones de los cortes y de los agujeros con un uso lógico y escritural, no se redujo al uso espacial. Tanto que indicó “con mi nudo, hay que ser bastante tonto para no preguntarse para qué sirven”.


Pero, ¿cómo se define un agujero en topología? Para definir los agujeros, será necesario elegir el tipo de igualdad entre los objetos topológicos de los que hablamos: en homología (se trata aproximadamente de un medio para asociar con cada forma un objeto matemático) se usan ciclos, es decir, generalización de curvas cerradas no orientadas, como ejemplo los toros que tiene lazos que envuelven sus agujeros, presentan una homología no trivial; mientras que en homotopía, que es el que nos interesa se usan lazos, es la generalización de curvas orientadas que empiezan y terminan en un mismo punto y no se atraviesan así mismas, en este caso un nudo trivial. Pero aquí todo lo que importa es la topología del objeto. ¿Si pensáramos que el agujero es él mismo el objeto? En esa perspectiva podemos definir el nudo en su aspecto extrínseco como: Un objeto tridimensional que perfora el espacio. El espacio tridimensional es el único como espacio ambiente de los nudos, es el modo de estar en el espacio lo que nos interesa y nos conmina a la manipulación (Lacan ya hacía ver que un espacio cuatridimensional, era calculable, pero no imaginable). Esta propiedad del nudo, aquella de hacer un agujero, tendrá una gran importancia en este periodo de Lacan y hacia adelante.

En el nudo Borromeo el agujero tiene una función estructural. Este nudo es ante todo una organización de agujeros, puesto que no podríamos quedarnos con la observación primera de un agujero central ya que eso es quedarnos con el punto de vista de la frontera,12 más bien, podríamos empezar a intuir que tal agujero no tiene una ubicación en el nudo, sino que depende del punto de vista, por lo que hablamos, pues, de la ubicuidad espacial del agujero.13 En su estructura más simple Soury define así a la cadena borromea: “He aquí un coso de tres agujeros que se sostienen los unos con los otros, que se calzan, que son tomados unos con los otros. En fin estos tres círculos que se sostienen en conjunto (se tiennent, sont pris, se coinçent).”14


Si la primera vez que aparecen en el decir de Lacan es el 9 de febrero de 1972, es en la segunda Encore, donde explícitamente Lacan busca con este ——trique—— un instrumento de escritura. ¿Escritura de qué? Se trata de escribir el saber del inconsciente, dirá más adelante. El 15 de mayo de 1973, afirma que la importancia del nudo es esto: “lo que ella tiene que ver con la escritura ——así como lo definí—— lo que deja de trazo (huella) el lenguaje”.


Mi decir ha sido aquel de este nudo que no introduje ayer y cuyo alcance merece que se insista en ello, eso quiere decir: no podía aparecer en seguida. Lo que en el nudo es tan importante, es su decir. Su decir que, en resumen, la última vez traté de soportar de esta manera [no por el aplanamiento] suficientemente. Lo que tiene de bueno —no es cierto— este nudo, es que, lo que precisamente pone en evidencia que este decir, en tanto que él es el mío, el que está ahí implicado. Eso significa que, en este lado por donde, observen, no he dicho la palabra, he dicho que el decir: que toda palabra no es un decir, de lo contrario, si no toda palabra sería un acontecimiento lo que no es el caso: Un decir es el orden del acontecimiento. (Lacan: 18 de diciembre de 1973).15


Hay siempre pathos cuando se habla: Lacan prefirió un discurso sin palabras (D’un Autre à l’autre, 1968). Lo que nos conduce a un uso de la palabra que podría llevarnos casi a despreciarla, si bien no impide introducir en su discurso la palabra como acontecimiento (événement). Hay esquemas, hay grafos, el uso de la combinatoria de cuatro términos que giran y que no permutan el orden de sucesión. Deja cuatro configuraciones, finalmente, cuatro discursos. El petit a que es totalmente distinto a los otros, es la letra. ¿Qué encontramos? Encontramos la diferencia entre “ello habla” del “está escrito”… ¿Se ve? Comenzamos a separar el escrito del habla. Hay dos modos de la escritura. Un escrito sin palabras que ustedes pueden leer en L’envers de la psychanalyse [El reverso del psicoanálisis] en los discursos. Dos nombres corresponden a dos modos de escritura: symtôme [síntoma] y sinthome [sinthoma].

Yo inventé lo que se escribe como el real” […] “Yo escribo este real con la forma del nudo borromeo, que no es un nudo es una cadena y tiene ciertas propiedades. Estos tres elementos anudados, en realidad como se dice, encadenados constituyen una metáfora. ¿Cómo es posible que haya una metáfora de algo que es sólo un nudo? Hay varias maneras de trazar las cifras la manera más simple es la que designé con el rasgo unario. Yo digo que he inventado algo con la metáfora de la cadena borromea ¿qué es inventar? y ¿qué he inventado yo? ¿Una idea? [¿es un idealismo?] [¿El platonismo de las matemáticas?] Es una idea esta idea de que el real tal como se escribe en el nudo borromeo . No es una idea que se sostenga. Aquí palpamos que la idea, esa que aparece cuando estamos acostados, es eso, por lo menos reducida, a su valor analítico. (J.Lacan, 13 de abril de 1976)


Las cuestiones de vecindad entre los nudos y la práctica no dependen de una metaforización simplista, y el plano con el cual se opera no pertenece a las ciencias exactas. Tendremos que ir a desarrollar esto, en otro plano en el que Lacan —— también oscuro—— nos pide sentir, sentir mentalmente, como un senti – mental, ¡nos insta! Se impone una urgencia absoluta en rearticular la intuición con la operación.
Mucho más adelante, en La Topología y el tiempo (1978-1979) dirá: Hay una correspondencia entre la topología y la práctica. Esta correspondencia consiste en el tiempo. La topología resiste, es en eso que la correspondencia existe (J. Lacan: 21 de noviembre de 1978). Por tanto podríamos decir que su correspondencia está en la resistencia. La topología resiste al aplanamiento, como en el análisis una resistencia impone el mantenimiento de la temporalidad.
R.S.I, Real, Simbólico e Imaginario, sus tres registros que lo habían orientado desde su conferencia del año 1953 lo conducirán a su Nudo Bo. Sigamos con cierto sigilo este giro y la lectura del mismo que propone Jean Allouch.

II.I. UN GIRO EN 1975.


¿Qué fue este giro? Esquemáticamente se puede formular así: mientras, que desde el 8 de julio de 1953, la “teriaca” lacaniana, funcionaba como aquello a partir de lo cual se pueden vislumbrar el conjunto de los problemas propios del campo freudiano, a partir de 1975, esta misma “troika” se volvió el problema. Luego de un instante que debió ser para Lacan de una gran satisfacción y que prolongó por un breve tiempo con el seminario de RSI (1974-1975), este borromeo de tres cuerdas (ronds de ficelle) del que sabemos que ha dicho “le vienen como anillo al dedo” (…Ou pire/Le savoir du psychanalyste, sesión del 9 de febrero de 1972), puesto que resulta del fulgor de la iluminación de la “equivalencia de las consistencias”, sin embargo, es a partir de aquí que las cosas se complican e incluso, se calientan, se echan a perder. ¿Qué demonios ha pasado? Pues bien, el éxito mismo del borromeo a tres que proporcionaba un cifrado de lo que podía, efectivamente, hacer que los tres «registros» pudieran ser tomados como tales y por lo tanto ir juntos /Ensemble/ y con su idea particular de calzamiento (esta palabra que utiliza Lacan: coinçage), la homogeneización, pues, de estos tres luego de haber dado una solución: su equivalencia, ha abierto un nuevo problema, y éste, es el de su diferenciación. Antes de 1975 había tres registros, pero su coexistencia (si no es que su estatuto) no se problematiza; después de 1975, el Borromeo ofrece una razón topológica para esta coexistencia, pero, es su diferenciación que —entonces— parece escapar, escapar a la razón nodológica.
¿La nominación vino a ofrecer la diferenciación que el nudo a tres rechazaba? Sí, pero entonces va a ser necesario que esta nominación sea distinta del simbólico, esta vendrá a ser necesaria para que ella —la cuerda del simbólico— también esté sometida a su ley (de la nominación) y como consecuencia este simbólico no tenga primacía sobre las otras dos dit –mensiones. Y aquí viene el nudo a cuatro, tenemos el simbólico partido en dos, los cuatro siendo entonces R, I, ∑ , (SIMPTÔME), S.16 En mi propia lectura advierto que luego de la introducción de un cuarto nudo, este cambia de soporte en el transcurso de estos seminarios. Primero, Lacan presenta el cuarto nudo como realidad psíquica o el Edipo a la manera de Freud, en las sesiones del seminario de febrero de 1975; para posteriormente, presentarlo como Nombre–del–Padre en las reuniones del fin del seminario de RSI y comienzo de Le sinthome y, en la continuidad de este último, Joyce encarna el sinthome, y finalmente, el analista como el “santhombre”. Otro capítulo será —más complejo, por cierto— el neurótico que sostiene a las otras tres personalidades en su nuevo entendimiento de la psicosis.

III. Lacan y su lectura de Joyce. De aquello de lo que se aprende.

Se dice que Joyce cambió el estilo de novelar radicalmente.

¡Joyce es abrumador! algún día, pregunto, ¿Seremos sus contemporáneos? He aquí una anécdota relatada por uno de sus traductores al español…

En el periodo final de la vida de Joyce, a un mes de llegar a Suiza, aparentando una excelente salud, a excepción de la mermada condición de su vista, y acompañado de su hijo Giorgio, el escritor realizó una visita en Ginebra a Sean Lester, el representante de Irlanda ante la Liga de las Naciones, la cual encabezaba en ese momento como secretario general. Hablaron de libros y el diplomático se sentía avergonzado del nulo conocimiento que tenía de la obra más reciente de su célebre visitante, por lo que le preguntó sobre Finnegans Wake. “¿Es un libro largo? Todavía no lo he visto”. A lo que, con sentido del humor y evidente ingenio, le respondió el autor: “Eso me recuerda la historia del irlandés borracho que caminaba de Drogheda a Dundalk; cuando le preguntaron sobre la longitud del camino dijo que no le preocupa lo largo que era, sino la anchura. 17

¿Quién goza del goce de Joyce? Joyce, enjoy. ¿Cómo agenciar algunos restos, cenizas, pedacitos que subsisten y persisten para hablar de escritura? No sólo de los textos, que señalan su existencia, sino el gesto particular de escribir, la búsqueda, el esfuerzo, la incertidumbre de la escritura, como dice Cioran hablándole de su ”joie d’écrire”.
La broma no le fue ajena a Lacan, y uno de los puntos que va ser importante en el viraje de su pensamiento estos años, nos lo adelanta cuando, en el seminario llamado Le sinthome (1975-1976), espeta en su primera reunión: la pista nos la da Joyce con una broma, joke:
“Observemos de paso, que en la Creación, esa llamada divina sólo porque se refiere a la nominación. No se nombra a la bacteria. Tampoco se la nombra cuando Dios, mofándose del hombre supuestamente original, le propone que empiece por decir el nombre de cada bicho.»
«Solo tenemos una pista de esta tontería si concluimos que, como indica suficientemente su nombre pronunciado en inglés —alusión a la función del índice de Peirce– Adam, era una Madame, según el joke que hace justamente Joyce al respecto”.
Y continúa, “cabe suponer que en efecto, Adán sólo nombró a las bestias, en la lengua de esa a la que llamaré L’Évie. Pues bien la L’Évie tenía una lengua suelta y rápida, ya que luego del supuesto nombrar por parte de Adán, ella es la primera persona que la usa, para hablar a la serpiente. De este modo, La Creación llamada divina se redobla con el parloteo del llamado parlêtre…” Como se ve Lacan comienza el seminario … “joyceando”, plagado de enigmas, plagado de laberintos. Para decir que hay dos niveles: el Nombre del Padre y el del padre del nombre distinguiendo así la función de nombrar, del nombre mismo. Quizás, a ese “padre del nombre” no habría que buscarlo de lado del hombre; dado que si uno piensa que un significante primordial habría intervenido en la creación de las lenguas, entonces es del lado de todas las mujeres donde se debe aguardar ese lugar del saber de las lenguas, ese Otro del sentido. Más adelante en el mismo seminario, evocando el film de Oshima “El imperio de los sentidos” dirá inspirado “por el erotismo femenino empujado al extremo”. Hay una barra que cualquier mujer sabe saltar, es la barra entre el significante y el significado, “[…] ella es como esta barra sobre [no existe un x que no phi de x]». “Toda la necesidad de la especie humana es que hubiera un Otro del Otro, ese al que se llama generalmente Dios, pero del cual el análisis revela que es simplemente La mujer.”


Y también en la misma sesión del seminario a propósito del síntoma, esta forma indica una fecha, la de la inyección del griego en la llamada “lalangue mía, a saber, el francés”, continúa, “si me he permitido esta modificación ortográfica, —de symptôme a sinthome [que se puede escuchar santo hombre , para “que resuene este decir, para que consuene, otro término sinthome madaquin [Santo Tomás de Aquino]]— es porque Joyce en Ulises, en el primer capítulo, formuló el voto de helenizar, de inyectar también la lengua helena, pero ¿en qué? No se trataba del gaélico, aunque trataba de Irlanda. Él escribió en inglés, de un modo tal que la lengua inglesa no existe más. Tanto que Philppe Sollers, no dudó en decir, que si la lengua inglesa tenía poca consistencia, Joyce le agregó algo, l’élangues. Lalengua escapa al lenguaje, hay siempre en lo que se dice lo que queda en reserva, que no llega a decirse y que, sin embargo se escucha. Hay que observar que si la escritura parece propicia para decir lo íntimo, no es porque sea primera, sino porque puede escribir lo indecible y por eso mismo alcanzar el real. Una salida a lo que le acosaba en el psicoanálisis del lado de este real (imposible) que venían a encarnar los nudos.

“Me ocupo de absorber en torno a la obra de Joyce la inmensa cantidad de literatura que él ha provocado. ¿A partir de cuándo se está loco? […] ciertamente, entrar en este camino me transporta, como testimonio que comencé escribiendo Écrits
inspirés. De hecho comencé de este modo, y por eso no he de sorprenderme, por verme confrontado con Joyce, por esta razón me atreví a preguntar ¿por qué le fueron inspirados sus escritos? Joyce dejó una gran cantidad de notas, de garabateos Scribbledehobble… La pregunta en suma, es la siguiente: ¿Cómo saber según sus notas lo que creía Joyce?! ( JL 10 de febrero de 1976)


Joyce inventó el recurso de la novela moderna,18 es procaz, divertido, obsceno, críptico, ilegible, resistente. En sus textos el contenido y la forma tienden a fundirse, pregunto: ¿Da lo mismo decir: “una frase de cinco palabras”, que “una frase que tiene cinco palabras”?
El Ulises, considerada su mayor obra, es una invitación al caos, no digo nada que no sea aceptado por la mayoría de sus críticos, comenzando con T.S. Elliot, en su artículo “Ulises, orden y mito”. Y que recoge con estas palabras The Dublin Review, la acusación de “bolchevismo literario”, hecha ex-cathedra por Shane Leslie. Uno puede leer que ahí donde se lucha por un nuevo orden de cosas se les acusa de “anarquistas». Decires muy contemporáneos a Joyce, pero esto no fue ajeno a Lacan en el campo freudiano.
En efecto, del ostracismo a la sacralización, la originalidad se paga caro, con la resolución implacable de rechazar todos los clichés. Me parece que debíamos pensar que el artista creador resulta ser frío y deliberadamente excepcional.


¿Es que Joyce, como contrapunto, le brinda la radicalización de su posición respecto a Freud? Tenemos pues de Joyce, datos biográficos, literarios, su obra, su correspondencia, los recuerdos de sus allegados… y una enormidad de trabajo crítico sobre su obra. Lacan no tuvo testimonio de los descubrimientos, las iluminaciones, que habrían podido marcar un recorrido, es decir, de su palabra, tropiezos, fallidos, y sin embargo dice, “en Joyce no hay nada que se parezca al inconsciente”. Inventa para decir lo que hay: el sinthome. Una especie de negativo del inconsciente. Lacan infirió que no tenía relación con el inconsciente “en tanto que no hay ninguna oportunidad que ate algo de vuestro inconsciente”.


Este tipo de experiencias no es nuevo y sabemos lo que Freud hizo con Las memorias de un neurópata. Al escribir su texto sobre el presidente Schreber. Luego Lacan, a partir de la lectura de Joyce, como Freud, infirió al constatar que no se parecía a nada, al constatar que los lectores de esta obra, principalmente universitarios, —por no decir únicamente— estaban detrás de este texto para encontrar soluciones a sus enigmas y que a nadie se le ocurrió leerlo para distraerse “al diablo el lector ordinario”, “el escritor expresa, no comunica”. Con sus textos no se está atrapado por la intriga, casi no se ve a nadie leer el Finnegans Wake de este modo. ¿Quiere decir que Joyce no conmueve a nadie, no hace palpitar el corazón de nadie, no concierne a nadie en nada, no lo toca, que no juega con ningún equívoco capaz de conmover el inconsciente de nadie? En síntesis no genera ni seducción, ni simpatía, sin chispa de amor y sin encuentro de inconscientes. Pero esto no es simplemente la crítica de un lector, sino lo que lleva a decir: creo que aquí no hay inconsciente, ¿no ser dupes del inconsciente? Les nondupes errent?


Se trata de la obra de alguien, desterrado, exiliado, y esto es algo absolutamente singular. Singular en tanto distancia respecto de cualquier comunidad. No hay en común, no hay el sentido común. En una recursividad, Joyce está cerrado sobre sí mismo.
En su obra tenemos un producto que no vale más que para uno sólo. Y en ese sentido, lo singular, fuera de la idea de la clínica de lo particular, y sabemos profusamente que el particular es el ejemplo del universal, ya conocemos esa lógica; el singular no es el particular. “Joyce es precisamente el signo de mi impedimento (el real como imposible), justamente en la medida en la que él expone, de una manera completa y especialmente artística, porque sabe arreglárselas, el sinthome que no puede hacerse nada para analizarlo.”¿Entonces, Lacan inventó el sinthome, para designar lo singular en su carácter absoluto? Joyce encarna el sinthome ¿De qué manera?


La conferencia de Lacan acerca de Finnegans Wake y acerca de sus lecturas de Joyce y del joycismo, llamada Joyce el síntoma (cf., la transcripción, lo que ha sido llamado Joyce el síntoma II) ofrece en sus escasas páginas el repertorio completo y exacerbado de varias lecturas, más adelante lo voy a ir afinando. Constituyendo, a mi entender, un texto modelo de enorme provecho para enseñar al principiante los pasos básicos de cómo recorrer la arquitectura de la obra entera de Lacan, subrayo: arquitectura ¿Cómo mostrar al principiante los pasos básicos de cómo recorrer la arquitectura de la obra entera? Tenemos un texto modelo de la conferencia de Lacan acerca de Finnegans Wake, “Joyce le Symtôme”. No dije, Sinthome.

  1. Describe el Finnegans Wake haciendo al mismo tiempo un pastiche (= mostración paralela de su estilo).
  2. Ironiza buena parte de los estudios joyceanos, cometiendo como si fueran propios sus errores más criticados (mostración cruzada) .
  3. Se sumerge, a ratos, en una emulación muda, una mostración colofón (un remate) .
  4. Lacan se empeña en mostrarse como un lector aturdido, que es más objeto que sujeto de sus lecturas, más el poseído que el tramoyista de la función.


J. Allouch, dice que el texto de esa conferencia Joyce el síntoma es inentendible. Sin embargo, la misma conferencia, le permitió ver la diferencia que hay de S.K. Beau [escabeau/escalera] para Joyce, y para Lacan. Posicionar su diferencia, respecto al ser, al cuerpo y la belleza, Lacan toma su distancia. Diferenciándose de Joyce respecto a la topología esférica que organiza su pensamiento, la esfera no es el nudo.
De la misma manera Lacan encuentra un giro con Joyce: Una manera de vivir del ser vaciándolo. El cuerpo, el tener, prevalece entonces sobre el ser, expulsa al ser —aún cuando no haya cuerpo sino a partir del ser: “Tengo eso, es mi único ser”—. Se trata de un resultado. El hombre no tiene un cuerpo, sino por el hecho de haber vaciado el ser “vaciado como quien echa un intruso/ como quien vacía una botella”. “Un segundo movimiento donde el hombre posee un cuerpo, deduce que era un alma o más, precisamente, que, a ella, también la tenía”. “Una bizqueada según Lacan que sólo puede calificar así a esa operación desde otra relación con el ser”. La palabra, por supuesto que se define por ser el único lugar donde el ser tiene sentido, el sentido del ser es presidir el tener, lo que excluye el balbuceo epistémico.


Demos un rodeo por otros textos: la superficie del cuerpo ni “sobre”, ni “en”, más bien, “fuera del cuerpo”, “articulada al cuerpo”. El momento en que escribe los 4 discursos, se despedía de la lingüística y de la etnología, e introduce la letra, como lo que está escrito, no como lo que habla, para poner de relieve la originalidad de lo introducido por el psicoanálisis entre el simbólico y el cuerpo. Lacan introduce la relación entre la estructura y el cuerpo: la estructura se atrapa en el punto donde el simbólico toma cuerpo.
Tomando el cuerpo precisamente en modo inverso o lo que hasta ese momento había sido su abordaje de la estructura como desencarnación. En Baltimore, Lacan, enuncia en su título: “De la estructura como intromisión de una alteridad pre-requisito a todo sujeto posible”. En lugar de partir de la palabra clásica de sujeto, aquí habla del cuerpo del simbólico, en su relación no con el sujeto sino con lo que llama, un ser que en él se sostiene (en Radiofonía, pero como vimos supra esta es una manera próxima a lo que sostiene en la conferencia Joyce). Y es respecto a ese cuerpo del simbólico que dice, “tomado en sentido ingenuo, es decir aquel que cuyo ser en él se sostiene no sabe que es el lenguaje que se lo discierne, hasta el punto de que no se constituiría si no pudiera hablar” (p.18). El cuerpo hasta ese momento abordado por el imaginario o por identificaciones en ese registro, es ahora situado por un proceso de incorporaciones directas del simbólico. Y es porque hay ese proceso, que après- coup “el cuerpo del simbólico” calificándolo de incorporal (en el sentido estoico), término con el que podemos cernir en qué el simbólico sostiene el cuerpo, capta el empalme de las palabras y los cuerpos bajo un sesgo preciso, el síntoma. Y el goce como efecto del significante. Hablar la lengua del cuerpo: ese primer sentido es que se trata de enumerar todos los objetos de goce, que insiste en entrar al cuerpo del sujeto y el modo por el cual es imposible que entren todos aunque se insista. Aquí tienen un modo en que Lacan establece la escritura del goce del cuerpo a partir de la oblicuidad de Radiofonía.


Retomemos, pues, es en el transcurso del seminario R.S.I (1974-1975), que se ve a Lacan preparar su larga y sistemática —casi dolorosa— confrontación con Joyce.
Joyce le permite a la vez revisar dramáticamente ciertos aspectos fundamentales (¿conceptos?) y anudar en una última torsión de su deriva todos aquellos elementos esparcidos en el contexto de su propia construcción, que se detuvo con la muerte.
Lacan se sumerge con emoción y terror, en la enorme literatura crítica sobre Joyce, que se parece a un rapto, especie de captura como cuando Molloy evoca sus trabajos sobre la danza de las abejas:

Y me decía con arrobamiento, esta es una cosa que podría estudiar toda mi vida, sin jamás comprenderla. Y, en el viaje de regreso, me preguntaba si había alguna posibilidad de una pequeña alegría porvenir, pensando en mis abejas y su baile, casi me consolaba. Porque siempre quería un poco de alegría de vez en cuando (… )Y, no podía hacerle a mis abejas el mal que le había hecho a miDios, a quien se me había enseñado a prestar mi ira, mis miedos y mis deseos, y hasta mi cuerpo.19

Hay una complicidad entre una cierta alegría o gozo con el goce, la adquisición interminable de un saber imposible, y la relación casi irónica y excesiva con un Otro goce que podemos proyectar en la figura de Dios. Lacan se había impuesto un tal pensum (para evocar L’ innombrable esta vez, una especie de plan de estudio, una especie de obligación escolar) en razón de la invitación de Jacques Aubert: Lacan debía pronunciar el discurso de apertura del Coloquio Internacional sobre Joyce, que iba a tener lugar en París en junio 1975. Así que debía de pararse frente al conjunto de los especialistas internacionales reunidos en el nombre de Joyce. No podríamos desconocer aquí, que algo pasó que ese Jacques Aubert se quedó prendado no sólo de Joyce, sino del psicoanálisis, de Lacan y de su decir.

Es por la intermediación de María Jolas —editora estadounidense— fundadora con su marido Eugène, de la revista literaria Transition de París, que invitan a Lacan, lo que será fundamental, innovador y catalizador de aquello desparramado en su démarche: vital oportunidad de aclarar ideas.

Como el mismo Lacan (13 de mayo de 1901) lo recuerda en esta “Apertura” del Coloquio, que él se habría cruzado con Joyce en la librería de Adrienne Monnier Shakespeare and Company cuando tenía 19 años, y volvió al año siguiente en la primera lectura histórica de pasajes del Ulises, en francés y en inglés, poco antes de su publicación. Así que Joyce — podríamos decir— ya lo acompañaba cuando Jacques Aubert viene a encontrarlo. Un especialista francés en Joyce que se encargaba de la organización de este 5o simposio en la Sorbonne.

Nos importa cómo es que Lacan da cuenta de ello desde el 8 de abril de 1975, del seminario R.S.I.:

Me fui a pasear en Joyce, porque se me solicitó tomar la palabra para un coloquio. Y bien, si Joyce está atorado, en la esfera y en la cruz, no se debe solamente a eso de que leyó tanto a Santo Tomas a causa de su formación con los jesuitas. Todos ustedes están atorados como él en la esfera y en la cruz.

¿Qué acababa de leer Lacan en ese momento? El texto de Clive Hart Structure and motif in Finnegans Wake (1962). Y demuestra que el entrecruzamiento de un círculo y de una cruz (según Clive Hart, la estructura fundamental del último libro de Joyce), para Lacan sólo es la puesta en plano del nudo Borromeo.

Entrecruzamiento de un círculo y de una cruz/Cruz celta. Irlanda

Joyce habría fundado la cosmología de su libro y por tanto anunciado el descubrimiento de Lacan. Joyce en su bricolage, pues, con Santo Tomás y todo lo que es necesario para hacer un mundo, es decir, una esfera y una cruz. Al hacerlo, él inventa la escritura del nudo Borromeo: “pero nadie se da cuenta que ya es el nudo borromeo”, según Lacan. Clive Hart había descrito el esquema que explica el fundamento de “caosmos” de Finnegans Wake, el entrecruzamiento de una esfera y de una cruz —como un medio de pensar concretamente la cuadratura del círculo joyceano—, cuadratura que da su ritmo histórico propio al libro dividido en cuatro partes pero fundado sobre una progresión en tres épocas según la historia universal de Gianbatista Vico (Beckett, 2001).

Representación proyectiva de la cadena borromea , sus figuraciones y su inversión.


En una carta que Joyce le envía a Mademoiselle H. Weaber en 1927 (una de su mecenas hasta después de la muerte de éste, ya que siguió haciéndose cargo de Lucía Joyce en el psiquiátrico y de Nora Joyce, la esposa), le describe su trabajo en curso sobre Finnegans Wake: “hago una máquina en una sola rueda. Sin los rayos, por supuesto, esta rueda es un cuadrado perfecto.” (J. Joyce, Letters, 1977).20


Lacan estaba feliz de tener en la mano un libro como el de Clive Hart, comenzando con este sus lecturas joycianas, había muchos otros, a veces citados por el mismo Lacan, otras no. Hugh Kenner, Richard Ellemann, David Hayman, Frank Budgen, Robert M. Adams Surface and Symbol the consistency of James Joyce,“Ulysses”. Sin duda, una obra cuyo título lo habría atraído enormemente, uno puede pensar.


En …Ou pire(1971-1972), había confesado estar hechizado y obsesionado por la estructura de los nudos borromeos, que había descubierto justo por Valerie Marchand, una joven matemática del seminario de Guilbaud sobre la topología; el encuentro con Joyce toma la figura de feliz coincidencia.
Joyce para Lacan, confirma la anterioridad del pensamiento de los escritores sobre los sabios (eruditos, estudiosos) y sobre los psicoanalistas, lo que el arte nos enseña, y este encuentro le permite inscribirse en el filo correcto de sus preocupaciones del momento. Lacan evoca de nuevo los nudos y los cálculos que implican.


Así en la apertura del seminario esta vez directamente consagrada a Joyce, Le Sinthome, el 18 de noviembre de 1975, Lacan recuerda esta invitación y el acontecimiento del Coloquio en París: “La Solicitud de Jacques Aubert, aquí presente e igualmente apremiante (tout aussi pressant) me arrastró a inaugurar el Simposio. Es por ahí que me permití desviarme de mi proyecto, que era, ya se los había anunciado el año anterior, titular este seminario, 4, 5, 6. Me contenté con el 4, y me regocijo, ya que con el 4,5,6, hubiera sucumbido”.


¡Cambió de rumbo! Joyce lo lleva a otro lado, es decir un personaje creador tan complejo y de tantos estratos.

Efectivamente, entre estos dos recuerdos, Lacan había dado otra vuelta de tuerca (tour d’écrou) a la imagen del nudo y de la manera de contar del 1 al 6. Mientras que él ya estaba bien comprometido —mordido por la lectura de Joyce—, Lacan hace un desvío hacia un autor que ya lo había ocupado en otro tiempo, André Gide, y evoca en el seminario a Paludes para citar el pasaje en donde Martín y el narrador comentan versos y proverbios latinos. Así “numero deus impare gaudet”, que traduce: “le numéro deux se réjouit d’être impair”. Noten que el impar implica cierta promesa de bienestar o de libertad, el narrador añade: “… on devrait dire au nombre Deux: “mais, pauvre ami, vous ne l’êtes pas, impair; pour vous satisfaire de l’être tâchez au moins de le devenir”. Lacan ve en este pasaje una promesa de bienestar (bonheur) al menos de“bon noeud”… borromeo. “Es preciso este nudo para hacernos ver que no se percibe le pair, (ou la paire [Pére/ padre]) que a partir del impair, luego (donc) un impair qui commence avec trois” (RSI)”, si abrimos a Virgilio sobre esta broma de burócrata.

Trébol

Joyce acompañaba a Lacan desde hacía mucho tiempo, ya lo había citado en La carta Robada (1956/1966), en Lituraterre (1971), en el Epílogo (1973) a la aparición editada de su primer seminario de 1964 y en Encore.


Así se leerá, lo apuesto, este texto. El acento debe ponerse sobre el decir —no quien lo diga. No será como mis Escritos, cuyo libro se compra, para no leerlo [noli non leyere, Blanchot]. […] El que se deba a mi, no significa que no se haya establecido mucho antes de mis hallazgos, ya que al fin y al cabo, “Lo escrito como —para—no—leer”, lo introdujo Joyce, sería mejor que dijese, lo introdujo pues al hacer de la palabra tráfico [contrabando] más allá de las lenguas, apenas se traduce, por ser doquiera igualmente poco para leer.21

Resulta que entre todas las numerosas prácticas literarias a las que Joyce se dedicaba, hay algunas, de aspecto clandestino, cuyo desvío se refiere al recorrido de Lacan en esta época, hay un texto que Lacan nombró Escritos Inspirados [Écrits inspirés. Squizographie], conocido entre los lectores de Lacan, al que Jorge Baños dedicó extenso capítulo en La Novela de Lacan; este texto de escritos inspirados en 1931, trata de ese debate, para entonces largo, sobre la alteración delirante de la lengua, destacando la poética. El tema de la “ensalada de palabras” de Forel como un cierto tratamiento de la lengua. Freud, escribiendo sobre Schreber, 1911. Y Jung al escribir sobre la perturbación de la lengua en la Dementia Praecox eran ya textos instigantes.


Pero, es con Joyce, donde reactualiza sus “Escritos inspirados” siguiendo paso a paso algunos de sus laberintos (dédalos) traslenguas, y donde Lacan va a poder producir un cambio respecto de su posición sobre las relaciones de la lingüística y del psicoanálisis. Con Joyce, el acento puesto en el nombre propio (llámese el apellido) no se descuida más; Lacan no puede afirmar que se llame Lacan en todas las lenguas, y es que se trata al nombre propio como un nombre común. «Ustedes deben estar hasta la coronilla [en avoir sa claque], e incluso jaclaque, a la que también agregaré el han, […]. Reduzco así, mi nombre propio al nombre más común” , el juego de palabras culmina con jaclaque han , que produce homofonía con Jacques Lacan.»22


Desde el momento en que se abren algunas páginas joyceanas, las eventuales certezas sobre la lengua “materna” no se sostienen más por mucho tiempo que las que poseemos a priori del nombre propio (10 de febrero de 1976).


Con Joyce, podríamos ir por algunos retruécanos de su texto Los muertos, para hablar del gaélico, los irlandeses y de su lengua. “I’m sick of my own country, sick of it” “¡Estoy harto de mi país, harto!”
No tenemos tiempo-espacio aquí, sólo decir que para él la lengua impuesta es el inglés, el irlandés no es una lengua. Del gaélico borrado, no queda más que un acento, aquel de Lilly, lejana música que le confiere tres sílabas a su propio nombre. También Philippe Sollers, creador de ese magnífico neologismo “L’élangue” expresaba a propósito de Joyce:

Apoyándose en una lengua que ha sido borrada de la historia, el gaélico, queriendo destruir una lengua impuesta, el inglés, para ir hacia todas las lenguas, ¿por qué habrá querido hacer su revolución utilizando la mayor cantidad de lenguas? Justamente para señalar que el fin de las nacionalidades estaba decidido. Y eso es un acto de un alcance político inmenso. Además quería tocar el inconsciente. Pues, precisamente el apego a una lengua nacional es, lo sabemos por el psicoanálisis, una investidura preconsciente, Esa es la causa de que la mayoría de las personas encerradas en una lengua rechazan a la vez el inconsciente y el debate internacional […] En el fondo, ¿cuál es su acto político? Joyce va a desarticular, analizar, rearticular, y al mismo tiempo a anular el máximo de huellas, residuos culturales,ideológicos, históricos, mitológicos, lingüísticos, y religiosos. Puesto que si consideramos a la religión, como el fenómenos neurótico fundamental de la humanidad, estamos obligados a constatar, que, excepto Joyce, nadie parece haber logrado salir de la religión. Y, ¿por qué él? Porque ha conseguido por medio de su escritura un cierto saber sexual fundamental. 23


Y ahí, inmediatamente después Lacan lo atrapa en el vuelo. La L’élangue vendría a nombrar el lugar del saber de las lenguas. Hay una continuidad entre las lenguas, hay elasticidad en la lengua. La lengua es un chewing gum, y esta continuidad puede ser puesta en juego y practicada sin que por eso se desencadene la persecución significante dado ese punto de continuidad paranoica entre las lenguas. Incluso, con esto Lacan modifica su noción de palabra impuesta, hay ahí una reflexión sobre la escritura.
Será ya una razón de elegir este término de intraduction, para comenzar a dar cuenta del hallazgo de L’unebévue introducido en 1976. Puesto que Lacan, también, trata allí, más allá de las lenguas, a la palabra Unbewusste encontrada en Freud, introduciendo de hecho un tráfico, un contrabando entre las dos palabras que no depende totalmente del comercio lícito de la traducción usual, es decir, ese pasaje que hace del Unbewusste a L’unebévue diciendo hablo Freud.
No es fácil acomodar a Joyce en algún movimiento literario. No cabe en ninguna escuela: él, por sí mismo, solo, constituye una escuela, habría creado su propio idioma. Lacan respecto a Joyce, actúa rehusandose a ser otro glosador más, y su intervención se coloca firmemente en el interior del discurso del analista, no de la universidad. Joyce, como lo fue Lacan, estaba decidido a ser un pensador europeo, cuya influencia traspasara fronteras, destruyendo prejuicios de parroquia, abriendo ventanas y golpeando puertas. Lacan, por su parte, sitúa el objeto en el texto de Joyce, que lee con el fin de producir un sujeto dividido ahí donde se encontraba el lector llamado clásico. Es decir, se inventa otro lector. No toma como punto de partida el saber (S2) que habría que acumular antes de hablar. Aproxima, pues, una nueva lectura de la Ego Psychology, este nuevo ego lacaniano es como un ego scriptor, en la curva de la emoción y siguiendo el hilo de las redes de esta scripture, como dirá Joyce, viene a instalarse un nuevo goce, enjoy.

Ego reparador. 11 de mayo de 1976

Imagen del seminario versión P. Valas

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B i b l i o g ra f í a

  1. Adorno, Th., El vanguardismo de los ancianos, En El vanguardismo de lo tardío según Th. W. Adorno, Esteban Alejandro Juárez [https://www.google.com/search? q=ADORNO+Y+EL+ESTILO+TARD%C3%8DO&oq=ADORNO+Y+EL+ESTILO+TARD%C 3%8DO&aqs=chrome..69i57.8156j0j15&sourceid=chrome&ie=UTF-8 ,]. Visitado por última vez el 18 de febrero de 2022.


2. Allouch, Jean, La scène lacanienne et son cercle magique. Des fous se soulèvent. Ed. Epel, essais, París, 2015 [En español, La escena lacaniana y su círculo mágico. Los locos se sublevan. El cuenco de Plata, Argentina, 2017.]


3. Beckett, S., Molloy, Ed. Minuit, París, 191951,1972, p.262-263.[Hay tr. Al español, ed. Alianza, Madrid, 2012]

____________“Dante, Bruno, Vico, Joyce” , en Detritus.Tusquets, Barcelona, 2001.


4. Guide, André, Paludes, París Gallimard, 2004.


5. Hart, Clive, Structure and motif in Finnegans Wake. Faber, Londres, 1962.

6.Hyman,D., The “wake” in transit, Universidad de Cornell Pr, NYC, 1990.

7.Joyce, J, Letters, Vol I, Ed. S. Guilbert, Londres, 1957. Citado en Jean-Michel Rabaté, en Lacan & la littérature , Ed. Manucius, París, 2005.


8. Joyce, James, Dublineses (1914), El retrato del artista adolescente (1916), “El retrato del artista“ (1904) y Stephen Hero (1912) , Los Muertos (2018), Ulysses, (1922), Finnegans Wake (1939), Penguin, L.A. 1987.

9. Lacan, J., Aún [Encore ]1972-1973, Ed. Piadós, España. 1987;


10. Lacan, J., El reverso del psicoanálisis 1969-1970,[L’envers de la psychanalyse], Ed, Paidós, España, 1990;


11. Lacan, J., Le sinthome 1975-1976, Editorial Seuil, Paris, 2005.


12, Lacan, J., Les non-dupes errent 1973-1974, Inédito, Biblioteca de L’école lacanienne de Psychanalyse,[https://ecole-lacanienne.net/es/bibliolacan/seminaires-version-j-l-et-non-j-l-2/} visitado 19 de marzo 2022.

13. Lacan, J., L’insu que sait de l’une-bévue s’aile à mourre 1976-1977. Inédito. Biblioteca digital de L’école lacanienne de Psychanalyse[https://ecole-lacanienne.net/es/bibliolacan/seminaires-version-j-l-et-non- j-l-2/].


14. Lacan, J., Lacan, J., “Lituraterre” (1971), en Autres Écrits, ed. Seuil, 2001.


15. Lacan, J., Los cuatro Conceptos fundamentales del psicoanálisis 1964, Ed. Paidós, España,1987.

16. Lacan, J., …Ou pire (1971-1972). Inédito, [https://ecolelacanienne.net/es/bibliolacan/seminaires-version-j-l-et-non-j-l-2/]

17. Lacan, J., “Epílogo” (1973), en Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis, Paidós editores, Barcelona, 1982.

18. Lacan, J., “Radiofonía”, Otros Escritos, Paidós, Argentina, 2012.19. Lacan, J., R.S.I, 1974-1975, Inédito. [https://ecole-lacanienne.net/es/bibliolacan/seminaires- version-j-l-et-non-j-l-2/ ].

19. Lacan, J., La Topología y el tiempo (1078-1979), Inédito. [https://ecole-lacanienne.net/es/bibliolacan/ seminaires-version-j-l-et-non-j-l-2/ ].


20. Levin, Harry, James Joyce, FCE, Breviario 144, 2da edición ,4a reimp, México, 2014.

21. Millot, Catherine, La vie avec Lacan, Ed. Gallimard, París, 2016.


22. Said, W. Edward, Sobre el estilo tardío: Música y literatura a contracorriente, Ed. Debate, España, 2009.


23. Sollers, Philippe, Joyce & Paris, ed. Publ. CNRS, París, 1979.


24. Soury, Pierre,“Introduction aux dessins et schémas topologiques de Monsieur Lacan”, en Quarto, n°5, 1981, París, publicaciones de l’École de la Cause Freudienne de Par

25. Victoria, J D, Finnegans Wake, de James Joyce. Una lectura anotada de cuatro capítulos. Versión, sinopsis y estudios, Ia edición, Colmena editores, noviembre, 202

26. Viltard, Mayette, “Scilicet”, L’unebévue Revue de Psychanalyse, E.P.E.L, París, 1993, [Revista de L’école lacanienne de psychanalyse]

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N O T A S

1 Miembro de L’école lacanienne de psychanalyse, practica el psicoanálisis en la ciudad de México. Este texto fue presentado en la conmemoración del centenario de la publicación del Ulyses de James Joyce, el 2 de febrero de 2022, en el marco del seminario Lacan lector de Joyce (2021-2022) organizado por la misma autora.

2 Theodore Adorno, El vanguardismo de los ancianos, Conversación radiofónica con el crítico de literatura Hans Mayer, emitida en enero de 1966, con el equívoco título Avangardismus der greise, una forma de exposición que ninguno de sus lectores se sorprenderá ante la ausencia de cadenas argumentativas y menos aún se vería tentada a exigirlas. En Esteban Alejandro Juárez El vanguardismo de lo tardío según Th. W. Adorno, [https:// http://www.google.com/search? q=ADORNO+Y+EL+ESTILO+TARD%C3%8DO&oq=ADORNO+Y+EL+ESTILO+TARD%C3%8DO&aqs=chrome..69i57.8156j0j15&sourceid=chrome&ie=UTF-8 ,]. Visitado por última vez el 18 de febrero de 2022.

3 Muy finamente trabajado por Gabriel Meraz de quien admiro su trabajo.


4 Sesión del seminario Le sinthome, 11 de mayo de 1976. Cf. Catherine Millot, La vie avec Lacan, Ed. Gallimard, París, 2016. P. 96.

5 En un juego de lenguas: Who ails tongue coddeau , a space of dumbillsilly? En la homofonía : Où est ton cadeau, espèce d’imbécile? [¿Dónde está tu regalo, especie de imbécil?]. Relatado por Catherine Millot, en La vie avec Lacan , op, cit, p. 97; y retomado por Jean Allouch, en La scène lacanienne et son cercle magique: Des fous se soulèvent, Ed. Epel, París,2015, p. 165. [Hay traducción en español.]
“Joyce emplea la palabra “Tongue / lengua” que marca más bien la sensorialidad del sabor. A diferencia de las serpientes, que tienen una lengua bífida, habla a menudo de su trifid tongue separándose de todo binarismo y acentuando, de esta misma manera, el sabor del órgano. El texto de Joyce llama a la oralización para hacer escuchar la voz del equívoco, como en la escritura superpuesta de un pentagrama musical, cuya vía escrita podría constituir el instrumento. Una sola línea melódica restringe, limita demasiado la tesitura. Esta nota la cerraré con: “El montaje: La imitación de la vida por medio del lenguaje no se ha realizado nunca de un modo más literal. El Ulises ignora los acostumbrados formalismos de la narración y nos invita a compartir una corriente de experiencias no diferenciadas.” En Harry Levin, James Joyce, FCE, Breviario 144, 2da edición ,4a reimpr.,México, 2014, p.90.

6 Catherine Millot, opus cit.,p.9.


7 Samuel Beckett

8 J.Lacan, Seminario Le sinthome 1975-1976, Editorial Seuil, Paris, 2005, p 39.

9 Diferenciarse de Freud no sólo por la topología propia a su discurso, sino por el lugar del Nombre-del-Padre.


10 Jacques Lacan, Séminaire Le Sinthome 1975-1976. Op. Cit, p. 18. [Tr. En español, p. 18]


11 Esta comprehensión topológica del agujero, es extensa, comienza con Euler y las fronteras topológicas , pasando por Moebius y Listing, pero es Rienmann al estudiar superficies quien sugiere las formas de contar los agujeros, a partir de los cortes posibles producidos en el objeto sin partirlo en dos piezas. Henri Poincaré fue el continuador con su revolucionario artículo “Analysis Situs”. Al introducir conceptos como el de homología, permitió capturar agujeros unidimensionales, bidimensionales en forma de cavidad, por ejemplo, dentro del queso suizo y en dimensiones superiores. El número de estos agujeros, uno para cada dimensión, se conocen como los números de Betti. De las fronteras a los cortes hay saltos cualitativos y lógicos.


12 Eso implica quedarnos con la noción de interior/exterior.


13 Agradezco infinitamente el envío de algunos textos sobre topología por parte de Pablo Amster, matemático en Buenos Aires, y a Gabriel Meraz, en México.


14 Pierre Soury, “Introduction aux dessins et schémas topologiques de Monsieur Lacan”, en Quarto, n°5,. 1981, París, publicaciones de L’école de la Cause Freudienne de París.


15 J. Lacan, Les non-dupes errent 1973-1974, Inédito, Biblioteca de L’école lacanienne de Psychanalyse, [https://ecole-lacanienne.net/es/bibliolacan/seminaires-version-j-l-et-non-j-l-2/} visitado 19 de marzo 2022. Subrayado mío.


16 Debemos tomar nota como muy bien muestra Jean Allouch, que este nudo de 4 consistencias tampoco prosperó, detrás de este seminario de los años 75-76. Sugiero, la lectura de Jean Allouch en su La escena lacaniana y su Círculo mágico, Los locos se sublevan, La scène lacanienne et son cercle magique. Des fous se soulèvent. Ed. Epel, essais, París, 2017, pp.163-19o]. Lacan, digo yo, añade un nuevo paradigma estético: Síntoma-signo a descifrar y en su vínculo con la estructura íntima tiene el sentido de lo que parece, de lo que se manifiesta. El síntoma ya no será predominantemente simbólico a descifrar y a interpretar. Deja caer la palabra clínica, para salir de la clínica de la estructura, y avanzar borromeanamente. Ridiculiza la idea de cura, y relativiza la idea de terapéutica. Al prejuiciar esta última, le sinthome, amplía el concepto freudiano de síntoma, aquel que dice que es capaz de levantarse, hasta incluir en él estos restos sintomáticos. Es eso que subsiste del síntoma, según Freud, en el fin del análisis. En psicoanálisis síntoma es aquello que puede levantarse, disolverse, desaparecer. El prejuicio terapéutico es ceder en sus límites, ceder para fines utilitarios, normalizados de gobierno. Sinthome es el nombre de lo incurable, del artificio.


17 J D Victoria, en el prefacio que hace a su traducción al español del Finnegans Wake, de James Joyce. Una lectura anotada de cuatro capítulos. Versión, sinopsis y estudios, Ia edición, Colmena editores, noviembre, 2021, p. 9.

18 Como dice Hyman en su texto “The wake in transit” con estos nuevos hallazgos borradores y notebooks, inaugura una nueva era de estudios sobre Joyce. Si se preguntan por dónde empezar : Dublineses es una recopilación de 15 relatos breves inspirados en la clase media irlandesa a principios del siglo XX, pero tenemos ese antecedente de El retrato del artista adolescente, que se continúa luego de estos otros dos textos El retrato del artista (1904) y Stephen Hero (1912).


19 Samuel Beckett, Molloy, Ed. Minuit, París, 191951,1972, p.262-263. [Hay tr. En español, ed. Alianza , Madrid, 2012]


20 James Joyce, Letters, Vol I, Ed. S. Guilbert, Londres, 1957, p. 251. Citado en Jean- Michel Rabaté, en Lacan & la littérature , Ed. Manucius, París, 2005,p. 158.

21 Cf, “Epílogo”, en Seminario Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis, p. 287-290. Recordamos también que el juego de Lettre – letter- liter, ya lo había pronunciado en el seminario sobre “La lettre volée” [La carta robada].


22 Cf. Seminario citado, sesión del 10 de febrero de 1976, p. 87.


23 Philippe Sollers, Joyce & Paris, ed. Publ. CNRS, París, 1979.p. 110. citado por Mayette Viltard en Scilicet, L’unebévue Revue de Psychanalyse, E.P.E.L, París, 1993, p. 88. [Revista de L’école lacanienne de psychanalyse]

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