Joyce y la función del artista

Patricia Garrido Elizalde

“De lo que ha visto y de lo que ha oído, el escritor regresa con
 los ojos llorosos y  los tímpanos perforados” 
Gilles Deleuze
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Imagina que es mayo de 1939, y eres un crítico de libros presentándote con una copia de Finnegans Wake…. Los críticos habían comenzado a leer la última novela de James Joyce, el misterioso work in progress justo antes de que WW2 estallara. Malos tiempos no propicios para su lectura. Al estallar la segunda guerra mundial, después de vivir un año en Saint-Gérand- le- Puy  una ciudad situada cerca de Vichy, y luego de rehusar  la invitación para trasladarse a los Estados Unidos, James Augustine Aloysius Joyce vuelve a refugiarse en Suiza como lo había hecho en la primera guerra mundial del siglo XX. Nace el 2 de febrero de 1982,  y muere en Zurich, a consecuencia de una operación de un absceso intestinal, el 13 de enero de 1941. 


Tenemos una biografía intelectual, a minima,  la presencia en su pensamiento de Santo Tomás de Aquino, puesta en crisis,  por  las lecturas de Bruno. Por otra parte, Ibsen, en su atención estrecha entre el arte y el compromiso moral, y de manera omnipresente —asimilada en los libros— la poética simbolista, “todas las seducciones del decadentismo, el ideal estético de una vida dedicada al arte y de un arte sustituto de la vida”, acicate, en fin “para resolver los grandes problemas del espíritu en el laboratorio del lenguaje”. Una mole inmensa de lecturas  posteriores a sus primeros escritos, un acercamiento a los grandes problemas de la cultura contemporánea, que va de Freud y Jung a la física relativista; sus textos podrían ilustrar la física cuántica y el principio de incertidumbre, nuevas dimensiones del universo. Aunque su configuración forma mentis (forma/ idea/ mente) no cambia con ese cúmulo de memoria. Uno se ve en un gran apuro —con placer y horror— perdido en un bosque de originalidades. El temperamento novelístico súbitamente modificado, purificado y rejuvenecido, daba flores vigorosas y de un perfume tan heterogéneo que creaba sorpresas irreprimibles, provocando elogios abundantes, una admiración locuaz y hecha necesaria la creación de nuevas  categorías de lenguaje crítico. Nadie como Joyce hizo hablar tanto de poética y de estética a sus propios personajes y a un enorme  masa de literatura crítica sobre él, a veces, con textos  tan impenetrable —-que en rapto—-  casi uno no  advierte una mole de obras, pesada y voluminosa,  de lo que se comenzó en llamar desde los años cincuenta, la James Joyce Industry.

Para nadie es desconocido que Joyce en el terreno de la literatura tocó todos los registros de la prosa e incluso la poesía y el teatro, es por excelencia el escritor del enigma. Menos conocida es su pasión por la música que sirve de patrocinadora de su arte en muchas de sus obras literarias,  sea en sus cuentos Dubliners (1914), en su poesía especialmente en Chamber music (1907)  y en su obra novelística A Portrait of the Artist as a Young man (1904), en su cumbre, Ulises (1922) y en Finnegans Wake(1939). Su hogar, según sus biógrafos2 estuvo pleno de música, como elemento esencial de su crianza, —ahora sabemos cuan influyente fue el canto del padre—- pasaba horas cantando al compás de arias y baladas de Balfe o de Thomas Moore. En Trieste considerados “los años de esplendor”,3 con una vida operónoma Joyce tuvo la oportunidad de seguir una carrera musical, lograba ingresos con ello, ya que tenía la voz de un tenor.  Pasión que no abandona, y de manera proteica, magistralmente la transmutó en una alta dosis de musicalidad en su escritura. Borges en uno de sus comentarios da una tonada diligente “ supo todos los idiomas y escribió en un idioma inventado por él. Un idioma que es difícilmente comprensible, pero que se distingue por su música extraña. Joyce trajo una música nueva al inglés”. E incluso influenció el cine, la literatura, la arquitectura, los músicos, no fueron ajenos, John Cage, Samuel Barber, que creo Nine Joyce Songs. En el rock, Syd Barret de Pink Floyd, le puso música al poema V de Chamber Music, y muchos otros recrearon música inspirada en la obra. En Dylan’s 2009 álbum, Together Through Life,  en la pista “I fell a Change Comin’on (Siento un cambio por venir); I’m listening to Bill Joe Shaver /and I’m reading James Joyce/ Some people they tell me / I got the blood of the land in my voice ( estoy escuchando a Billy Joe Shaver/estoy leyendo a James Joyce/ Algunas personas me dicen/Que porto la sangre de mi tierra en mi voz).
Joyce no despliega un curso de fonología. No son versos para ser acompañados, o poemas para ser cantados, es la musicalidad en sí misma; hasta podríamos decir que se sirve de la escritura musical como instrumento de desciframiento de su prosa para producir un rosario de correspondencias poéticas, cuyo valor erótico se sostiene, precisamente, en el franqueamiento de una escritura a otra.


Edmond Wilson, tomando una cita de TS Elliot, pero refiriéndose a Joyce, enhebra “es un escrito para el oído”. Joyce con fuerte dificultades de la vista, sin embargo, tiene una extraordinaria capacidad verbal auditiva.  Al leer en voz alta,  los poemas de Música de Cámara  se puede percibir su sensibilidad y dicción, música en sí mismos. Wilson, como Jacques Lacan,4 refiere la deficiencia dramática y narrativa de Joyce como escritor ¿podríamos pensar que esa potencia para acercarse a la música lo haya hecho, además de su talento y conocimiento sobre música—- para compensar esa debilidad dramática? Joyce aconsejaba: “Todo es simple, si alguien no comprende un pasaje, todo lo que necesita hacer, es leerlo en voz alta”. Los juegos de juegos de Joyce con la música son múltiples en Finnegan WakeMusic. And old lotts have funn at Flammgen’s ball”. 5


Por otro lado,  rabelaisianamente, una biografía que se publicó en vida de Joyce contiene esta preciosa indicación:  the name is obviously of french extraction– Joyeux.6 Para resolver lo que podría desembocar en un impasse, será necesario una nominación que equivalga, casi a una mostración -una especie de expresión deíctica personal, donde el participante, es casi una tautología creadora traduciendo de hecho el nombre de Joyce, sino en francés, quizás en lacaniano.  El nombre de Joyce, significa simplemente lo que la etimología oculta —ser gozoso en exceso, de un goce místico, y aún más, o por lo menos, muestra una vía de acceso al goce. ¿Quién goza del goce de Joyce? Hallazgos divertidos, felicidad translenguas/ l’élangues, “riendo solo” de los hallazgos sucesivos que constituía su escritura, Nora dixit.

ESPACIO ESTÉTICO

Joyce dejó una gran cantidad de notas, de garabateos Scribbledehobble. La pregunta en suma, es la siguiente ¿Cómo saber según sus notas en lo que creía Joyce?
Ulises, algo tan magno, se dice, una epifanía idéntica a la catedral veneciana de San Marcos, pero ahora lo profano se imponía a lo sagrado para concebir una religión laica. Ulises novela operante y turbadora, cambia el mundo literario. Al publicarla, ya era conocido por sus otras obras, pero es su adaptación modernista de la Odisea de Homero lo que ha impactado más. Es decir, utilizar mitologías ancestrales para mostrar su idea del mundo contemporáneo. Parece que la intención de Joyce era explorar el inicio de la literatura que se originaba con Homero, y que se concluía con su propia novela.
En realidad 18 ficciones en una, pues cada uno de los capítulos contiene un estilo distinto dentro de una historia unitaria. Sus dieciocho horas de duración podrían jugar con la ‘durée’ bergsoniana, por la extensión del libro, un entretejido espacio-tiempo, un marco narrativo en el que dos sucesos aparentemente divergentes se pueden dar a la vez; figura literaria donde la ciencia se identifica con la literatura, una realidad discontinúa que se alimenta de la ficción; repleto de fragmentos inolvidables y una recursividad técnica incomparable, deudora de algunos pasajes del gran arte de la centuria.7


Joyce, recibe la primera copia el jueves 2 de febrero de 1922, la jornada de su cuadragésimo aniversario. La novela como los imprescindibles de Proust y Musil, se verá lastrada por sus dimensiones épicas y la conciencia de genialidad, una máquina de precisión en la lejanía por su querencia a los detalles de la otra fecha esencial de su biografía, el jueves 16 de junio de 1904, en que se produjo el flechazo con Nora Barnacle, acontecimiento, actualmente, conocido como Bloomsday.


Esta novela deudora como decía del arte de esos años, cuando el desdichado Leopold Bloom se masturba en la playa, los fuegos artificiales son cine en mayúscula, contrapunto de otro erotismo mucho más polémico a nivel mundial (recuerden que estuvo prohibida en UK y en los EUA hasta el año 1933), el de Molly en el monólogo interior del capítulo final, en la que se ha podido localizar la herencia austro-húngara acuñada en lo literario por Arthur Schnitzler en 1900 con su “Teniente Gustl”, según J.Aubert.


Esta obra presenta la apariencia de capas geológicos, de estratos sucesivos: abundan allí modificaciones, a veces auto citas, cuyos temas e ideas, humor, ironías y hasta sarcasmos, parecen indicar un distanciamiento. Joyce explica a su amigo Carlo Linatim a través de un esquema el objetivo y el propósito de su novela, en la que cada capítulo se refiere a un canto de la Odisea, a un color, a una hora del día, a una ciencia, a un arte, a un símbolo, a un órgano del cuerpo humano, a un sitio en particular de las calles de Dublín, y a una técnica narrativa diferente. Según el biógrafo de Elliot “La lectura del Ulises le había causado al poeta una impresión mayúscula, por el sin numero de voces enmascaradas a través de un bello lenguaje, ese mismo ejercicio de estilo, Elliot lo haría a su manera en el largo poema, The waste Land.


Este texto se ve acompañado de la desventura personal, Joyce redactó el Ulises combinado con una lenta y progresiva hipermetropía que lo dejara prácticamente ciego, la que obstaculizaba avanzar con mayor rapidez y efectividad la conclusión de su trabajo. Nómada había abandonado esa identidad de frontera. Para 1919 dijo haber dejado su alma en su Dublín, clave para comprender la concepción de su novela: “Para mí, si escribo sobre Dublín porque si puedo llegar al corazón de Dublín, puedo llegar al corazón de todas la ciudades del mundo”, “Cuando muera, Dublín estará escrito en mi corazón”.


Retengo, del biógrafo de Elliot: La reunión en París entre Elliot y Joyce, como para otros, el pintor inglés Wyndham Lewis, le pareció que Joyce, no puso mucha atención a la conversación de Elliot y que más bien se comportó arrogante. En su severo acento bostoniano, Elliot le comentaría más tarde a Lewis que Joyce era tan altivo como Lucifer. Sin embargo, sería un Lucifer severamente empobrecido, ya que también sobresalió en ese histórico encuentro que Elliot le llevó un par de botas viejas como regalo de Ezra Pound debido a las extremas carencias económicas del irlandés.
A cien años, hoy se lee, pero también se relee y releyéndose se escribe. Ulises, pasa su tiempo reescribiéndose.


DEL COMENDIANTE AL INVENTOR

¿Quién inventa? ¿Quién es el inventor? 


Flaubert, era el gran conocedor de la palabra exacta, extraída con pinzas de su estuche de piel por una lapidaria y rabiosa diligencia.  Joyce al igual que Flaubert, aísla palabras para mostrar su lado menos burdo; cuando las aísla en expresiones coloquiales es porque quiere que nos percatemos del estilo, “que habitualmente es un préstamo o una parodia”. Hugh Kenner,8 lector y crítico literario muy importante de la obra de Joyce, nos sugiere recurrir al recurso de imaginar las dificultades de un lector extranjero para advertir de manera fácil el hábito característico de Joyce para lidiar con la palabra, pues continuamente evade los patrones normales del inglés que los lingüistas estructurales han estudiado tanto.

List!List!List!, citando a Hamlet literalmente en el Ulises.

Va más allá de las afirmaciones estéticas de los personajes en la obra, sobre todo, en esta novela, “los problemas de estructura emergen del contexto con tal violencia que representa un modelo de poética implícita que se afirma en las nervaduras mismas de la obra” (Umberto Ecco). 
  Coloca, se nos dice, la locución adverbial antes del objeto, coloca el verbo entre el sujeto y frasea en yuxtaposición al sujeto y tiene una inventiva infatigable para colocar el adverbio donde ejercerá un acento frente a los demás miembros de la oración. Nos encontramos delante de maniobras que no son de un hombre que habla, estamos frente a un hombre que escribe. Un hombre que toma doce o catorce palabras escogidas y determina en qué orden deben desplegarse.  En efecto, hay dos  cuerpos  de  la  escritura, como se dice dos cuerpos del rey (Kantorowicz). La escritura que está hecha para que se hable y aquella intransitiva, fabulación que no tiene más función que el propio ejercicio del símbolo, se produce esa ruptura, la voz pierde su origen, el autor entra en su propia muerte: comienza la escritura y se inventa un lector.

N O T A S

  1. Gilles Deleuze, Critica y clínica, Anagrams editores, Barcelona, 1997,p. 15.
  2. Richard Ellemann, James Joyce, Anagrama editores,Barcelona ,1991. 
  3. John McCourt, Los años de esplendor. James Joyce en Trieste, 1904-1920, ed. FCE, Madrid, 2000.
  4. Jacques Lacan, ¿Por qué Joyce resulta tan ilegible? Quizás porque no suscita en nosotros ninguna simpatía. Reunión del 11 de mayo 1976 in Le séminaire de Jacques Lacan. Livre XXIII: Le sinthome, éditions du Seuil, París, 2017.
  5. Music in the works of James Joyce: http://www.james-joyce-music.com/songinjoyce.html. [visitado  por última vez el 20 abril de 2022.]
  6. Herbert Gorman, James Joyce a Definitive Biography (1939) , ed. Facsimile Publisher, Lodres, 2017, p.8 .
  7. El año 1922, como índica Peter Watson en su famoso Terrible Beauty fue el annus mirabilis artístico en el que se darían a conocer obras capitales en la cultura de occidente, obras que constituyen los cimientos de la literatura del siglo XX.
  8. Hugh Kenner, Critico literario de lengua inglesa, autoridad en modernismo inglés y literatura de occidente del s.XX. “James Joyce comediante del inventario”, in Los comediantes estoicos, ed.FCE, México,2011, pp. 58-100.

Publicado por Entrelacs

Practico el psicoanálisis en la Ciudad de México. Miembro de L'école Lacanienne de Psychanalyse. Doctorado en Psicología clínica por la Universidad Nacional Autónoma de México. He participado en actividades en La Universidad París VIII y el Instituto Cervantes en París. Invitada en la Universidad Autónoma de Querétaro y de las Universidades autónomas de Coahuila y Tijuana, BC. He sostenido desde 2012 sobre EL Seminario de Lacan, en el Museo Universitario de Arte Contemporáneo (MUAC) de la UNAM y en La Alianza Francesa de CDMX. Con publicaciones en revistas en México y en el extranjero, ha publicado el libro Figuras del Otro, 2013.

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